Hoy tuve una cita conmigo, como hace mucho no lo hacía.
Me fui a pasear en bici por algunos de mis jardines favoritos y luego a cenar a un restaurante italiano que me gusta, primero me sentí rara comiendo sola y viendo al horizonte. Después me sentí muy privilegiada por tener el tiempo y los recursos; por momentos se asomó la nostalgia, esa siempre me habita aunque a veces se calma, pero otras me taladra el corazoncito que sabe que está lejos de su tierra natal.
Me sentí feliz y también por momentos culpable, ¿me estará extrañando mi hijo? Esa sensación que como madre me nació, de saber que soy para alguien una persona tan importante, a veces me come por dentro y al mismo tiempo me ilumina. La ambivalencia constante de la maternidad.
Tiago ya casi cumple dos años y yo todavía tengo momentos en los que no me cae el veinte de mi nuevo rol, ¿algún día podré acomodar todo lo que se me ha movido con el terremoto de su nacimiento?
En un momento, mientras me comía mis ravioles de betabel con queso de cabra y después de ver a dos personas mayores a mi lado, me vino a la mente la imagen de mí misma en la vejez, ¿cómo quiero llegar a vieja?, ¿qué voy a disfrutar?, ¿me gustará también salir sola a cenar?, ¿dónde estaré?, ¿a qué me quiero dedicar?, ¿con quiénes envejeceré?, ¿seguiré andando en bici?
Me dieron ganas de escribirme unas letras:
Andrea, si lees esto es porque llegaste a vieja y te acordaste de tu blog y de que había algo para ti aquí y todavía existe tu página de internet y no se extinguieron los humanos para entonces o dejaron de funcionar las computadoras por las inundaciones masivas o los bombareos de Trump.
Lo que quiero decirte es que un día soñaste con llegar a vieja feliz, haciendo proyectos con infancias que te mantengan joven, pintarte el cabello de colores y tener muchas amistades . Que no te falten los recursos para viajar por el mundo, para comprar plantas y comida rica, que no te falte la salud ni el amor. Que te sobren ideas nuevas que aprender y mejorar tantito el mundo, chistes, creaciones artísticas y ganas de vivir.
Ojalá llegues a vieja así y sino, que al menos la versión que seas te convenza y guste lo más posible.
Ustedes, ¿cómo se imaginan su versión de vejez?, ¿quienes conoces con vejeces que les inspiren?
Mientras escribo esto, mi abuela está comenzando a vivir en un nuevo hogar, al que algunos le llaman "Asilo" , pero a mi gusta llamarle "Residencia de personas mayores" y mi mezcla de sentimientos no me deja tranquila; siento una tristeza grande pues hay varios duelos que nos toca hacer, como la cocina que ya no tendrá, ni el comedor en el que nos servía deliciosos ñoquis, pimientos rellenos, pizza de "pobres" flanes, sopitas con empuje y aunque ya hace unos años eso se había transformado, ahora lo siento más real. Confío en que ella encontrará su manera de estar bien ahí, hará amistades, tendrá actividades bonitas y se sentirá libre y cuidada en el mejor de los casos; y a mi me quedan tantos recuerdos en mi paladar y corazón que espero me sigan alimentando el alma.
Pero hay una sensación de fustración que no logro todavía procesar y es el hecho de que al ser mujer , la mujer de mi abuelo futbolista, que migró por amor, fue madre en otro país y tuvo que hacerse la vida sin prestaciones laborales y sin un esposo que le dejara alguna posibilidad de pensión (porque el fútbol a veces también tiene condiciones precarias) la estabilidad económica es un tema que la ha perseguido y con ello la escasa capacidad de decisión de qué tipo de vida tener sus ùltimos años de vida. Qué injusto. Por suerte tiene a su hija e hijos que apoyan, salud y una actitud positiva a pesar de todo.
Qué bonita sería la vida si por el simple hecho de existir, se nos asignara una casita con jardín cerca de quienes queremos. Y si sí imaginamos y luchamos por realidades con dignidad para todxs hasta la vejez?






