miércoles, 29 de julio de 2026

Crónica de un descalabro

 Descalabrar, que palabra tan fea. Ese es uno de los múltiples pensamientos que me vienen después de lo que viví el día de ayer.

El día comenzó casi normal, Tiago queriéndose poner un huarache en un pie y un tennis en otro y yo dejándolo. Después salimos a jugar con arena, vimos a otros niños que nos compartieron pan, paseamos y regresamos a casa a comer y dormir, ese era el plan.



Pero al llegar, mi hijo curioso e inquieto se paró en su carriola y se resvaló en la entrada de la casa, cayendo de cabeza en la "orillita" de un tapete con un filo que le hizo una herida de aproximadamente dos años de terapia (para él o para mi?). 

Hubo sangre, estaba sola, angustiada, me sentí una idiota que no puso suficiente atención.

Por suerte mi suegra y suegrastro estaban libres y con un vehículo para llevarnos al hospital más cercano.

"Ay Tiago, lo siento mucho, llora mi amor, seguro te dolió mucho, déjame limpiarte un poco..." algo así intenté decirle lo más calmada posible, con las manos temblorosas y el llanto a punto de salirme, controlando mi angustia lo más posible para no contagiársela.

Han sido de los momentos más feos que he vivido como madre hasta ahora, con su sangre en mis manos, sus gritos, mi mente imaginando peores y mejores escenarios, maldiciendo el momento en el que me giré para abrir la puerta o guardar las llaves o lo que sea que haya estado haciendo en ese mini-segundo en el que sucedió el ¿desastre?, ¿descuido?, ¿accidente?.

Accidente: me dice una amiga como si con eso quedara libre de culpas. "Recuerda que lo que pasó no fue tu culpa" me dice mi mamá cuando le hablo para que me consuele. Pero no dejo de pensar en la palabra descuido, yo cuidando tanto a Tiago y en un mini descuido, pum! Cuidar sí que a veces es ingrato. 

¿Cómo liberarme de la carga que siento cuando algo así sucedió? Escribo, hablo, lloro, le pido disculpas a Tiago que el día de hoy parece que ya ni se acuerda de lo que le pasó. Resiliencia infantil, qué dicha.

Pero yo, con los hubiera taladrándome y la impotencia de que tan chiquito ya le haya tocado su primera visita a un hospital. Para como es Tiago "Ya se había tardado" me dice mi papá, me da una risa nerviosa.

Es verdad, muchas veces he sentido que ahora sí ya se va a dar "en su madre". Ahora entiendo más esa expresión, porque no se da sólo, a mi como madre también me toca, qué fuerte es esa sensación de sufrir por alguien que se siente como una extensión propia.

 
"La doctora te va a revisar tu cabecita y debes estar tranquilo y dejar que te curen mi amor" le explicaba en el camino, con sus ojitos llorosos rechinando mi estómago y con el recuerdo de mi propia descalabrada a los 6 años aflorando a tope.

¿De qué se acordara consciente o inconscientemente después de eso?, ¿Qué cicatriz le quedará?

Tres banditas nada más le pusieron, ni 5 minutos duró la curación, pero él en su tormenta de lágrimas y yo viendo su sufrir e intentando inventar alguna canción para hacer más ligera la mini rasurada para que pegara bien la curación y para recordarle respirar entre sollozos. "Eres muy valiente Tiago!" le decíamos mi suegra y yo. Si fuera menos valiente no se hubiera caído pensaba yo entredientes....

¿Cómo estimar la gravedad de un golpe en la cabeza?

Que si vomita o camina chueco, lo traigas al hospital otra vez, dice la hoja que nos dieron al terminar nuestro paso por el hospital público "San Joseph" en Berlín.

¿Y yo? ¿Hay alguna bandita que me cure a mi?

Imaginen que en todos los hospitales haya estaciones de ayuda piscológica para quienes cuidan, qué bonito sería.

Pero por ahora sólo me queda hablar con mis redes de apoyo, (y mi psicóloga obvio) invocar a mis ancestras que pasaron por lo mismo y reflexionar mucho sobre las maneras en las que se sobrepasan momentos dolorosos (me pregunto cuántas personas al día se descalabran). 

Si alguien conoce algún manual que se llame "Estrategias para entrenar para momentos difíciles que no se pueden controlar" o "Pósimas mágicas para que ninguna superficie lastime a personas que amas" o "Cómo evitar los dolores y vivir de puro placer" o algo así, pues me los pasa porfi.

Mientras les comparto que después de estos dos años de entrenamiento en la maternidad, sigo buscando un mantra que me acompañe y de fuerzas y el de ayer creo que sería: "Descalabrarse también es crecer"¿?

Sigo pensando que es una palabra muy fea, aunque ahora entiendo que comparte raíces con "calvo" y Tiaguito tiene un pedacito de cabeza más calva y yo creo que también (y ojalà más sabia!)


Pd. A Tiago le gusta su "godo (gorro)" porque es como de astronauta y si me quedara con una imagen de ayer, sería con la de él aplaudiendo y llorando al mismo tiempo cuando terminaron de curarlo.

Que no te vuelva a pasar mi amor!!!! por favor.




sábado, 30 de mayo de 2026

Si llegas a vieja, ¿cómo quieres llegar?

 Hoy tuve una cita conmigo, como hace mucho no lo hacía.

Me fui a pasear en bici por algunos de mis jardines favoritos y luego a cenar a un restaurante italiano que me gusta, primero me sentí rara comiendo sola y viendo al horizonte. Después me sentí muy privilegiada por tener el tiempo y los recursos; por momentos se asomó la nostalgia, esa siempre me habita aunque a veces se calma, pero otras me taladra el corazoncito que sabe que está lejos de su tierra natal.
Me sentí feliz y también por momentos culpable, ¿me estará extrañando mi hijo? Esa sensación que como madre me nació, de saber que soy para alguien una persona tan importante, a veces me come por dentro y al mismo tiempo me ilumina. La ambivalencia constante de la maternidad.

Tiago ya casi cumple dos años y yo todavía tengo momentos en los que no me cae el veinte de mi nuevo rol, ¿algún día podré acomodar todo lo que se me ha movido con el terremoto de su nacimiento?

En un momento, mientras me comía mis ravioles de betabel con queso de cabra y después de ver a dos personas mayores a mi lado, me vino a la mente la imagen de mí misma en la vejez, ¿cómo quiero llegar a vieja?, ¿qué voy a disfrutar?, ¿me gustará también salir sola a cenar?, ¿dónde estaré?, ¿a qué me quiero dedicar?, ¿con quiénes envejeceré?, ¿seguiré andando en bici?

Me dieron ganas de escribirme unas letras:

Andrea, si lees esto es porque llegaste a vieja y te acordaste de tu blog y de que había algo para ti aquí y todavía existe tu página de internet y no se extinguieron los humanos para entonces o dejaron de funcionar las computadoras por las inundaciones masivas o los bombareos de Trump.

Lo que quiero decirte es que un día soñaste con llegar a vieja feliz, haciendo proyectos con infancias que te mantengan joven, pintarte el cabello de colores y tener muchas amistades . Que no te falten los recursos para viajar por el mundo, para comprar plantas y comida rica, que no te falte la salud ni el amor. Que te sobren ideas nuevas que aprender y mejorar tantito el mundo, chistes, creaciones artísticas y ganas de vivir.

Ojalá llegues a vieja así y sino, que al menos la versión que seas te convenza y guste lo más posible.

Ustedes, ¿cómo se imaginan su versión de vejez?, ¿quienes conoces con vejeces que les inspiren?

Mientras escribo esto, mi abuela está comenzando a vivir en un nuevo hogar, al que algunos le llaman "Asilo" , pero a mi gusta llamarle "Residencia de personas mayores" y mi mezcla de sentimientos no me deja tranquila; siento una tristeza grande pues hay varios duelos que nos toca hacer, como la cocina que ya no tendrá, ni el comedor en el que nos servía deliciosos ñoquis, pimientos rellenos, pizza de "pobres" flanes, sopitas con empuje y aunque ya hace unos años eso se había transformado, ahora lo siento más real. Confío en que ella encontrará su manera de estar bien ahí, hará amistades, tendrá actividades bonitas y se sentirá libre y cuidada en el mejor de los casos; y a mi me quedan tantos recuerdos en mi paladar y corazón que espero me sigan alimentando el alma. 

Pero hay una sensación de fustración que no logro todavía procesar y es el hecho de que al ser mujer ,  la mujer de mi abuelo futbolista, que migró por amor, fue madre en otro país y tuvo que hacerse la vida sin prestaciones laborales y sin un esposo que le dejara alguna posibilidad de pensión (porque el fútbol a veces también tiene condiciones precarias) la estabilidad económica es un tema que la ha perseguido y con ello la escasa capacidad de decisión de qué tipo de vida tener sus ùltimos años de vida. Qué injusto. Por suerte tiene a su hija e hijos que apoyan, salud y una actitud positiva a pesar de todo.

Qué bonita sería la vida si por el simple hecho de existir, se nos asignara una casita con jardín cerca de quienes queremos. Y si sí imaginamos y luchamos por realidades con dignidad para todxs hasta la vejez?



miércoles, 18 de febrero de 2026

Crónica de un destete anunciado

 Inspirado en el libro "Yo también me acuerdo" de Margo Glanz y en los maravillosos talleres de Mariana Schmidt .

Me acuerdo de cuando vi por primera vez calostro salir de mi pecho, fue como magia.

Me acuerdo de los dolores al principo y de la pena de amamantar en pùblico.

Me acuerdo de que eso se me olvidó rápido.

Me acuerdo de cuando decidí dejar de amamantar y de que pasaron alrededor de 6 meses para que realmente lo cumpliera.

Me acuerdo de las dudas que tenía y la sensación de fallarle a mi hijo si lo hacía.

Me acuerdo de haber leído con Tiago el cuento de "La teta cansada" y la "Fiesteta".

Me acuerdo de mis amigas y mis mapas apoyándome.

Me acuerdo que le pregunté a varias mamás y un par de doulas sobre sus recomendaciones y me sirvió mucho escucharlas (gracias!)

Me acuerdo que me enojé con la escuela por no enseñar sobre estos temas tan importantes.

Me acuerdo de que lo hice como mi regalo de cumpleaños, como si eso me regalara mi hijo y así se sintiera menos culpa.

Me acuerdo del dolor de pechos por varios dìas y de la necesidad de ordeñarme  para sentir alivio.

Me acuerdo que le escribí a mi prima para sentirla cerquita en lo que sentía que era una sensación algo parecida al posparto.

Me acuerdo de pensar en las vacas y cabras que las ordeñan y les quitan a sus crías para producir productos lácteos.

Me acuerdo de haberles pedido perdón.

Me acuerdo de Tiago llorando y piediendo "tetaaa" y yo llorar con él.

Me acuerdo de enojarme por todo lo que le exigía a mi cuerpo la maternidad. 

Me acuerdo de algunas temblorinas que tuve por el bajón de hormonas y llantos varios días.

Me acuerdo de mi mamá diciéndome que me pusiera compresas frías y de la IA diciéndome lo contrario.

Me acuerdo que le hice caso a mi mamá.

Me acuerdo de mi pareja pasándome compresas para el pecho y yo diciéndole: pontelas tuuuuu.

Me acuerdo del molesto sonido del "Sacaleche" y de las gotas escurriéndome como si mis pezones lloraran.

Me acuerdo que me dio pesar que Tiago ya no probaría lo que yo había comido en el día y de preguntarme cuánto sabor realmente le venía por la leche.

Me acuerdo de llorar por todo lo que le agradecía a mi cuerpo por más de 20 meses de alimentar a otra criatura de carne y hueso.

Me acuerdo de haber abrazado con el alma a quienes desean ser madres o amamantar y no pueden.

Me acuerdo de Tiago por fin una noche diciendo "Tschuss" a la teta mientras yo lo abrazaba y le prometía que mi cercanía y amor van más allá de lo que le daban mis pechos.

Me acuerdo de haber honrado a mis antepasadas que no quisieron ser madres y aún así lo hicieron lo mejor que pudieron.

Me acuerdo que Tiago se enfermó y me entro culpa de que ya no le daba teta.

Me acuerdo que había nieve afuera y extrañé el calorcito de Tiago cuando se nutría de mis entrañas.

Me acuerdo que Tiago un día jugó a ponerse tetas y luego las tiró.

Me acuerdo de la alegría que me dio poder volverme a poner ropa que no era apta para la lactancia.

Me acuerdo de abrazarme a mí misma por este recorrido nada fácil.

Me acuerdo que me dio melancolía no haber tenido una toma final consciente y consolarme acordándome de todas las veces que sentí que ya era la última.

Me acuerdo de un día en el que me sentí con una energía que hacía más de 19 meses que no sentía.

Me acuerdo de que un día dejaron de doler los pechos y de salir leche, fue como magia.