sábado, 30 de mayo de 2026

Si llegas a vieja, ¿cómo quieres llegar?

 Hoy tuve una cita conmigo, como hace mucho no lo hacía.

Me fui a pasear en bici por algunos de mis jardines favoritos y luego a cenar a un restaurante italiano que me gusta, primero me sentí rara comiendo sola y viendo al horizonte. Después me sentí muy privilegiada por tener el tiempo y los recursos; por momentos se asomó la nostalgia, esa siempre me habita aunque a veces se calma, pero otras me taladra el corazoncito que sabe que está lejos de su tierra natal.
Me sentí feliz y también por momentos culpable, ¿me estará extrañando mi hijo? Esa sensación que como madre me nació, de saber que soy para alguien una persona tan importante, a veces me come por dentro y al mismo tiempo me ilumina. La ambivalencia constante de la maternidad.

Tiago ya casi cumple dos años y yo todavía tengo momentos en los que no me cae el veinte de mi nuevo rol, ¿algún día podré acomodar todo lo que se me ha movido con el terremoto de su nacimiento?

En un momento, mientras me comía mis ravioles de betabel con queso de cabra, me vino a la mente la imagen de mí misma en la vejez, ¿cómo quiero llegar a vieja?, ¿qué voy a disfrutar?, ¿me gustará también salir sola a cenar?, ¿dónde estaré?, ¿a qué me quiero dedicar?, ¿con quiénes envejeceré?, ¿seguiré andando en bici?

Me dieron ganas de escribirme unas letras:

Andrea, si lees esto es porque llegaste a vieja y te acordaste de tu blog y de que había algo para ti aquí y todavía existe tu página de internet y no se extinguieron los humanos para entonces o dejaron de funcionar las computadoras por las inundaciones masivas o los bombareos de Trump.

Lo que quiero decirte es que un día soñaste con llegar a vieja feliz, haciendo proyectos con infancias que te mantengan joven, pintarte el cabello de colores y tener muchas amistades . Que no te falten los recursos para viajar por el mundo, para comprar plantas y comida rica, que no te falte la salud ni el amor. Que te sobren ideas nuevas que aprender y mejorar tantito el mundo, chistes, creaciones artísticas y ganas de vivir.

Ojalá llegues a vieja así y sino, que al menos la versión que seas te convenza y guste lo más posible.

Ustedes, ¿cómo se imaginan su versión de vejez?, ¿quienes conoces con vejeces que les inspiren?


miércoles, 18 de febrero de 2026

Crónica de un destete anunciado

 Inspirado en el libro "Yo también me acuerdo" de Margo Glanz y en los maravillosos talleres de Mariana Schmidt .

Me acuerdo de cuando vi por primera vez calostro salir de mi pecho, fue como magia.

Me acuerdo de los dolores al principo y de la pena de amamantar en pùblico.

Me acuerdo de que eso se me olvidó rápido.

Me acuerdo de cuando decidí dejar de amamantar y de que pasaron alrededor de 6 meses para que realmente lo cumpliera.

Me acuerdo de las dudas que tenía y la sensación de fallarle a mi hijo si lo hacía.

Me acuerdo de haber leído con Tiago el cuento de "La teta cansada" y la "Fiesteta".

Me acuerdo de mis amigas y mis mapas apoyándome.

Me acuerdo que le pregunté a varias mamás y un par de doulas sobre sus recomendaciones y me sirvió mucho escucharlas (gracias!)

Me acuerdo que me enojé con la escuela por no enseñar sobre estos temas tan importantes.

Me acuerdo de que lo hice como mi regalo de cumpleaños, como si eso me regalara mi hijo y así se sintiera menos culpa.

Me acuerdo del dolor de pechos por varios dìas y de la necesidad de ordeñarme  para sentir alivio.

Me acuerdo que le escribí a mi prima para sentirla cerquita en lo que sentía que era una sensación algo parecida al posparto.

Me acuerdo de pensar en las vacas y cabras que las ordeñan y les quitan a sus crías para producir productos lácteos.

Me acuerdo de haberles pedido perdón.

Me acuerdo de Tiago llorando y piediendo "tetaaa" y yo llorar con él.

Me acuerdo de enojarme por todo lo que le exigía a mi cuerpo la maternidad. 

Me acuerdo de algunas temblorinas que tuve por el bajón de hormonas y llantos varios días.

Me acuerdo de mi mamá diciéndome que me pusiera compresas frías y de la IA diciéndome lo contrario.

Me acuerdo que le hice caso a mi mamá.

Me acuerdo de mi pareja pasándome compresas para el pecho y yo diciéndole: pontelas tuuuuu.

Me acuerdo del molesto sonido del "Sacaleche" y de las gotas escurriéndome como si mis pezones lloraran.

Me acuerdo que me dio pesar que Tiago ya no probaría lo que yo había comido en el día y de preguntarme cuánto sabor realmente le venía por la leche.

Me acuerdo de llorar por todo lo que le agradecía a mi cuerpo por más de 20 meses de alimentar a otra criatura de carne y hueso.

Me acuerdo de haber abrazado con el alma a quienes desean ser madres o amamantar y no pueden.

Me acuerdo de Tiago por fin una noche diciendo "Tschuss" a la teta mientras yo lo abrazaba y le prometía que mi cercanía y amor van más allá de lo que le daban mis pechos.

Me acuerdo de haber honrado a mis antepasadas que no quisieron ser madres y aún así lo hicieron lo mejor que pudieron.

Me acuerdo que Tiago se enfermó y me entro culpa de que ya no le daba teta.

Me acuerdo que había nieve afuera y extrañé el calorcito de Tiago cuando se nutría de mis entrañas.

Me acuerdo que Tiago un día jugó a ponerse tetas y luego las tiró.

Me acuerdo de la alegría que me dio poder volverme a poner ropa que no era apta para la lactancia.

Me acuerdo de abrazarme a mí misma por este recorrido nada fácil.

Me acuerdo que me dio melancolía no haber tenido una toma final consciente y consolarme acordándome de todas las veces que sentí que ya era la última.

Me acuerdo de un día en el que me sentí con una energía que hacía más de 19 meses que no sentía.

Me acuerdo de que un día dejaron de doler los pechos y de salir leche, fue como magia.