lunes, 29 de mayo de 2023

Hice unas notas durante mi viaje a Portugal...

Hice unas notas durante mi viaje a Portugal, donde pudimos visitar: Guimarães, Oporto, Coímbra, Sintra, Lisboa y Albufeira:


En el aeropuerto me vi a mi misma llena de curiosidad y gratitud, ¿Cómo hubiera sido vivir en épocas donde no existía la posibilidad de recorrer el mundo por los aires?

Veo a muchas personas de otros países que podrían ser yo.

Recorriendo las diferentes ciudades, a veces me sentí en Guanajuato con sus callejones, otras en Puebla con sus mosaicos, también de repente en Florencia con su cercanía al agua o en Acapulco cuando fui a la playa; vi jacarandas y me sentí en CdMx y vi castillos y me sentí en Francia, también podría ser por momentos España o algún otro país con influencia árabe.



Basta un árbol, un rincón, un aroma o caras parecidas a otras, para que en un lugar, quepan muchos otros.


Qué occidentalizada estoy, y no sé si lo digo con alegría.

Las ciudades grandes tienen muchos problemas parecidos, qué bueno que me entrené en México para empujar personas y agarrar lugar en el transporte público.

Qué importante son las mezclas, gracias personas que se mezclaron y crearon platillos ricos, arquitecturas únicas y belleza.

Comimos delicioso, hasta en una estación de servicio en la carretera. Qué bello es darle tiempo a lo inesperado.

El vino de Oporto es mi nueva bebida favorita frente al mar.



¿Sabías que la mayoría de los corchos de los vinos son de Portugal y que su producción garantiza el cuidado de los árboles que producen corcho?


Qué importante que sin árboles, hasta el vino se pudriría.



No sabía que lxs portugueses podrían ser igual o más escandalosas que lxs españoles. Pero qué fortuna que cuando me tocó escuchar unos gritos, con los que pensé que se trataba de un asalto, sólo era una broma entre amigos afuera de un bar. Me dio risa nerviosa, qué fuerte lo introyectado que traigo mi predisposición a que los gritos de hombres, seguro son violencia.

Qué fuerte es sentirse segura en las calles.



En una cafetería pequeñita comí un "bolo de miel" que me encantó, sabía a miel con chocolate, dos de mis postres favoritos  y confirmé que este mundo no podría ser tan bonito sin abejas ni cacao, ojalá logremos que no se extingan.

Ojalá también todos los McDonalds y Starbucks sí se extinguieran y fueran sustituidos por lugares de verdadera comida y bebida.

Entendí que sorfear y tal vez vivir, tiene que ver menos con dominar las olas y más con fluir con ellas...

y que no hay que desperdiciar ningún momento para proclamar la paz o hacer amigos poniendo piedras en la arena...

y que a veces un museo para infancias, puede ser la mejor sorpresa.




Qué bonitos son los pisos decorados y sin colillas de cigarro.

¿Sabías que Lisboa es la capital más "verde" de Europa?



Salir de la rutina trae el privilegio de perder la noción del tiempo, de que en un día quepan muchas experiencias nuevas, emociones, sabores y de que un minuto viendo el atardecer, traiga un millón de horas en recuerdos de vacaciones pasadas.


¿Han visto cómo danzan los pájaros cuando está anocheciendo?

Pienso en el concepto "Luna de miel" y me pregunto de dónde viene. Wikipedia , en pocas palabras dice que tiene que ver con la fertilidad que ofrece la miel y que se le desea a los recién casados, yo digo que es el mejor pretexto para viajar y probar pasteles con miel o ver la luna en otros rincones del mundo.



Les deseo Portugal en sus vidas, buenos  guías de "free tour", amistades que les recomienden buenos lugares para visitar, familiares que les regalen dinero para viajar, lunas de mieles cuando quieran y con quien quieran.

Les deseo que el anochecer los agarre haciendo el amor o viendo el mar o escuchando fado... 

o danzando como pájaros que saben que estar llenos de vida es un talento y una convicción.



viernes, 7 de abril de 2023

Mi nombre en persa

Estos meses he pensado mucho en las desigualdades y su relación con la pedagogía,  pues desde el 1° de febrero tengo un nuevo trabajo dentro de la coordinación de actividades para infancias y juventudes en un refugio en el Este de Berlín. Ahí viven personas de más de 20 países que dejaron sus "patrias" por diferentes motivos, aunque casi todas por motivos de guerras y violencia.

Berlín, ha sido para mí esa ventana que me ha permitido mirarme más pequeñita en la inmensidad del mundo pues viviendo en Ciudad de México, es muy poco lo que una puede ver de países como Siria, Líbano, Irak, Irán, Afganistán, Georgia, Turquía, Etiopía, Vietnam, Ucrania, Pakistán,  etc. La verdad, no pensé poder escuchar idiomas tan diversos en mi vida y conocer aunque sea una rebanadita de tantas culturas.

Y dentro de toda la desigualdad, de colores, de tamaños, de sonidos, de circunstancias, tradiciones, valores y condiciones económicas, de sueños, de formas de criar, de formas de relacionarse, entre muchas otras cosas, siento que mi trabajo tiene que enfocarse en desarrollar estrategias en las que se generen puntos de encuentro, en los cuales, aunque sea por un momento, nos sintamos iguales todos y todas.

Se trata de volver a la sencillez, por ejemplo de bailar al ritmo de una misma canción, superar un reto dentro de un juego, construir colectivamente una lona para una fiesta, reír al mismo tiempo de la creatividad de una niña, preparar galletas en conjunto o limpiar entre todos nuestros espacios compartidos.

Siempre he creído que la pedagogía justamente se trata de que las personas recordemos lo que nos hace personas, dejando de lado nuestros orígenes y conectando con la solidaridad; y es curioso que aquellas actividades en las que me cae más fácil lograrlo casi siempre tienen que ver con actividades de cuidado y autocuidado.

Creo que es de los trabajos más difíciles que he hecho, no sólo porque lo debo hacer en gran parte en alemán, sino por estar tan cerca de crisis tan fuertes mundiales que me recuerdan lo lejos que todavía estamos de un mundo donde haya dignidad, paz, respeto a los derechos humanos y a la naturaleza, trabajo digno, vivienda y un gran etc..

 Nunca me había tocado que la pedagogía no solo sirviera para recordar lo que nos hace personas, sino también para olvidar lo más oscuro de la humanidad. 

Debo aceptar que he tenido días difíciles, en los que me quiebro y ahí agradezco tener que hacer esas actividades domésticas, esas pláticas son personas queridas, esos instantes de contemplación, pues son esos instantes que me regresan a lo sencillo y me recuerdan los privilegios en los que vivo.

Al final de cada día, intento hacer un recuento de instantes en los que las infancias y juventudes me enseñan que a pesar de las crisis, siempre hay motivos para levantarse a construir la vida que queremos.

Ayer, por ejemplo, una joven de Afganistán que llegó a Berlín con su madre, quien por ser maestra estaba amenazada de muerte por los talibanes; me hizo un regalo, tan sencillo, pero que me conmovió casi hasta las lágrimas: escribió mi nombre en persa.

Ella cree que sólo me dio un papel que dice Andrea con otro alfabeto y de derecha a izquierda, pero en realidad me ha dado un tesoro: la oportunidad de verme a mí misma desde otro ángulo, uno en el que ni mi nombre ni mi corazón se definen en un solo idioma.


jueves, 12 de enero de 2023

Como niña mimada, qué privilegio

 Han sido meses de mucha intensidad bonita.

Desde la llegada sorpresa de mi mamá y mi papá, que me alegró tanto mi corazón, es como si algunas cosas que todavía no terminaban de ajustarse lo hubieran hecho, a veces no estoy tan consciente del poder que tienen las personas que me aman en la construcción de mi camino, pero al vivir lejos de ellas, es cuando más cuenta me he dado de ello. Pues la distancia pone muchos límites y también quita otros.

Debo aceptar que soy una persona a la que le cuesta entender lo que es la adultez y no siempre disfruto eso de alinearse con comportamientos "adultos", asumir muchas responsabilidades, etc. y seguido me siento todavía jugando a ser adulta, sin embargo, por ejemplo con la visita de mis  principales "responsables de crianza y cuidados" a Berlín, me sentí un poco más "grande" pues pude enseñarles muchos lugares que no conocían y compartir cómo he podido salir adelante aún teniéndoles lejos físicamente. 

Su presencia aquí en mi hogar berlinés fue como rellenar mi tanque de oxígeno pues su forma de valorar Berlín, dar su "visto bueno" a la vida que tengo acá y acompañarme de cerca en este proceso, me alientan a seguir a pesar de que a veces me pese un poco la lejanía.

Al día de hoy sigo con un sentimiento de gratitud muy grande pues estoy consciente del privilegio en el que vivo y además, que mi familia pueda viajar de vez en cuando para acá, wo pues ya es mucho pedir.

También por suerte con su visita rellené mi rinconcito mexicano en la alacena con tortillas, chiles, chamoy, mayonesas, mole, tamales y otras delicias que calman mis antojos de vez en cuando. Y esto me recuerda preguntas que me hago frecuentemente, ¿de donde vienen los antojos?, ¿serán necesidades fisiológicas que se manifiestan de diferentes maneras o es sólo que nuestras costumbres invaden nuestros pensamientos de vez en cuando y nos despiertan esas ganas de algo?, ¿tienen ustedes algún antojo frecuente?, ¿será que se nos antojan las cosas que no tenemos tan al alcance o el alcance no se relaciona con ello?, ¿qué relación tienen los antojos con extrañar algo o alguien?, ¿es conveniente satisfacer todos nuestros antojos?, entre otras...

Y bueno, hablando de antojos, debo aceptar que ahí sí me gusta eso de la adultez pues en el caso de los alimentos que se me antojan, frecuentemente son "poco saludables" (nunca se me ha antojado algo como lechugas). Desde niña he tenido esos antojos, por ejemplo de comer muchos dulces, que mi mamá y papá debían regular.

Hoy como adulta puedo comer y hacer un poco más libre lo que se me antoje sin regulación externa; ¿será peligroso no tener regulación para ciertos antojos?, ¿cómo aprendemos a regularnos y cuidarnos a nosotras mismas?, ¿en qué momento de nuestro desarrollo se puede llegar a la conclusión de que ya no necesitamos a nadie más que nos ponga límites o nos cuide?

Y aquí entramos a un tema que me apasiona mucho relacionado con el cuidado, a veces siento que la diferencia entre las infancias o juventudes y las adulteces  está en que estás últimas en teoría ya saben cuidarse a sí mismos y no "necesitan" a nadie más que desde afuera ponga los límites, sino que esos límites que nos pusieron, logramos interiorizarlos, ¿será así?, ¿qué límites tenemos interiorizados?, ¿cómo ayudamos o arruinamos a las infancias con los límites que les ponemos?, ¿no será mejor confiar en los límites que define cada niño o niña?, ¿a qué edad sientes que no "necesitas a tus papás?

Muchas respuestas quedan abiertas, pero debo decir que tengo un par de certezas en mi interior muy bonitas y es que la Andrea "niña" que vive en mí, seguido me apapacha y guía con los límites que me enseñaron mis padres, pero hay un límite que no existe, y ese es el del amor que me tienen quienes me trajeron al mundo.

Creo que sí estoy ya más cerca de la adultez, más cerca de que se me antoje ser madre y compartir todo el amor que he recibido, pero también creo que por muy adulta que sea, no dejaré de necesitar a mi mamá y papá.

domingo, 30 de octubre de 2022

Deseo que en tu vida siempre haya momentos en los que sientes que crece tu corazón

 Ya se está terminando octubre, aunque para mí , este mes se combinó con septiembre, fue como un panque marmoleado en donde de chocolate me supieron algunos momentos y de vainilla otros, entre México y Alemania.

Cada mordida me ha sabido delicioso, 

por ejemplo ese beso en la frente calientita de mi sobrina que todavía huele hermoso en mis recuerdos.

O ese destello que brilla en mi ojos al ver a mi papá soplando las velas de su cumpleaños.

Se me ha quedado también impregnado en mis manos el olor de los tacos que me eché con mi mamá y que me supieron a un reencuentro que ya quiero que se vuelva costumbre.

Otra mordida fue saboreada al momento de comer esquites, que estaban medio podridos, sin embargo al reír y sentir que se frenaba el tiempo en la compañía de mi hermano y cuñada, el queso rancio era lo de menos.

En mis oídos aún suena la risa de mi tía Paty que desbordó de alegría al conocer a María, ay María, qué bello que rimas con alegría.

Y hablando de alegrías, mi yaya me dio una muy grande al cocinar ñoquis, ella tiene esa gran capacidad de que pueda olvidarme de todos los problemas con sus platillos y bolillos

Entre esos sabores únicos de esta visita a mi tierra natal, estuvieron mis encuentros con amigas queridas, con  algunas pude bailar en una boda llena de amor,
con otras encontrarme espontáneamente y comer algo rico, platicar, brindar y por supuesto reír...
con todas tuve la fortuna de sentir como si se me recargaran las baterías.

Esa recarga me ha durado bastante y sospecho que en gran parte fue porque me traje cargadora y cargador a Berlín y su presencia acá, sus miradas, sus cariños, su inteligencia y escucha, aún vibran en varios rincones.

Y creo que eso son los recuerdos, como vibraciones en nuestros rincones de la mente y el corazón, que a veces, al mover ciertas cuerdas, le ponen música a nuestros días.

Septioctubre me ha permitido entender que esas cuerdas, que pensaba que sólo sonaban en México, también suenan en Berlín, pues se conectan fácilmente y sin adaptador a las corrientes de acá.

Me quedó claro al estar con Ana y Mariana en la sala de mi hogar y llenarme de confianza con su presencia, es como si cada visita de México, hiciera un nudo en las cuerdas del tejido sonoro, canción, obra o lo que sea de lo que estoy haciendo entre aquí y allá.

Y entonces con las amistades de acá, y la familia de acá, he comprendido que no es que estoy partida entre allá y acá, sino que la orquesta continúa y se mejora con sonidos contrastantes que permite este suelo, este cielo, y sobre todo esta relación tan hermosa que he podido construir con la pareja que elegí.

A poco más de un año desde que nos mudamos para acá, debo decir que he crecido muuuucho y que a veces ha sido doloroso y cuando llega ese dolor, me basta con verlo, abrazarlo, escucharlo para poder conectar con otras emociones; 

como las que me causa ver nuestro hogar acá, probar los platillos que hemos inventado, sentir la cama que construimos con nuestras manos, asomarme al balcón con nuestras plantas, andar en bici o de noche con tranquilidad, abrazar a alguien de su familia (ahora mi familia de acá), que me entiendan en otro idioma y un gran etcétera que solo me ha mostrado que mi corazón, se ha hecho más grande y más fuerte y más agradecido al vivir entre dos países.

Deseo que en sus vidas siempre haya momentos en los que sienten que crece su corazón.

También deseo que haya más lagos en sus vidas y muchas oportunidades para caminar a la orilla, con buena compañía.



viernes, 2 de septiembre de 2022

MAgo..sto con M de María

 Pasó otro mes y llegó una nueva persona a nuestra familia.

¡Ya soy tía!

Y sí, se llama María y la voy a conocer pronto, por suerte. 

Llegó a los pocos días de que falleciera mi tía Mary en Argentina y como dice mi sabia prima, a veces unxos se van para dejar espacio a los demás, lo bueno es que nuestro corazón no sabe de espacios y por eso no se llena, aunque a veces parece que están llenos de felicidad, por ejemplo. Nuestros corazones son refugios infinitos.

Agosto me llevó al Harz y allí entendí por qué existen los cuentos de los hermanos Grimm, por supuesto, los bosques, sus criaturas, la belleza, la naturaleza, la magia. Que bueno que el nombre de María empieza con la misma letra que magia y que mujer y que mariposa. 


Y que lindo que recién este mes pude conocer y cuidar a una niña, que se llama Mía y desborda energía, inteligencia, emociones encontradas todo el tiempo. Los niños saben muy bien lo que es sentir alegría cuando ven una jirafa, pero también tristeza por su encierro y aún así disfrutarla. Quiero saber qué disfrutará María.

Así es como me siento a veces en Berlín, feliz-triste. Y poco a poco voy descubriendo por qué y cómo puedo prestar más atención a lo que me da fuerza y ​​no tanto a lo que me la quita.

Es curioso como van creciendo mis identidades y se me van añadiendo títulos como este nuevo de "tía" (que ya tenía un poco en España -tukutunps-): hija, amiga, hermana, colega, trabajadora, novia, esposa, migrante, paciente, estudiante, pareja, nieta, visitante, etc... y somos un continuum,  que se busca y a veces se refugia en modos de ser. ¿Qué son los refugios?

Y luego pienso en mi abuelo paterno que huyó de la Guerra Civil Española y el título: "refugiado" lo marcó toda su vida - ¿Realmente México fue un refugio para él?

Y luego pienso en las chicas "refugiadas" con las que comencé a trabajar este mes; todo un reto, entre los alemanes, los diversos grupos, las distancias y la cruel realidad.
Ojalá, sobre todo, podamos al menos ofrecerles espacios seguros, porque ese título de "refugiados" a veces parece más de "expulsadas", hasta que las sociedades, en especial los gobiernos, logren condiciones de dignidad, de paz, esperanza en el futuro que desde lo que pude ver, no estamos tan cerca de eso.

malditas guerras

Aunque es irónico que sin ellas yo no existiría.

Ni María.

Y hoy aquí estamos, en este mundo caótico, en el que buscamos refugio, que a veces son personas y otras lugares, muchas veces recuerdos, otras sabores, canciones, escritos. ¿Cuál es tu refugio?

A veces siento que lo que escribo es mi refugio, 

ese lugar en el que me deposito, para volver a mí.

Al final, "somos nuestro propio refugio": 

Me repito mascando un alfajor, que encontré hace un par de semanas en una tienda latina y que fue un pasaje a mi infancia, cuando mis abuelos maternos me los traían de su tierra natal, 

Y así hablo con Andrea de niña, que probó el chocolate con dulce de leche y se olvidó de todo lo demás, viviendo el presente, con mi hermano, que ya es papá, ¿será él refugio de María como lo son los nuestros con nosotros?

¿Puede el presente ser también un refugio?

Mi abuela paterna se llama María del Refugio y entonces todo cobra sentido, claro que mi abuelo encontró refugio :)


Que el amor siempre sea uno de nuestros mejores lugares de seguridad, refugio y felicidad.







 

miércoles, 3 de agosto de 2022

Julio en Berlín

 Este mes sin duda estuvo lleno de emociones.

Empezó con el cumpleaños de mi único hermano, lo que me dio una gran nostalgia por no poder acompañarlo en su último festejo antes de ser papá, tampoco pude estar en el "Babyshower" que fue ese mismo fin de semana, pero un día después, al menos pude a distancia, presenciar cómo, después de muchos años de perseverancia; mi hermano consiguió su título universitario. 

Bendito zoom y bendita educación en línea que pudo adaptarse al estilo de vida de un futbolista que decidió que su identidad también puede ser de comunicólogo. Siempre celebro que las personas luchen porque su identidad se enriquezca de muchas maneras.

Esa semana Adrián compró duraznos en almíbar y de esa forma me quiso hacer sentir más cerca de mi otra casa, pues recordó que desde que soy pequeña, esa fruta enlatada forma parte de festejos y aunque no son mi fascinación, debo aceptar que comerlos, sí viene acompañado de un sabor a nostalgia de momentos bonitos de mi infancia.

No había tomado conciencia de la importancia de los enlatados, son como naves que guardan por mucho tiempo sabores y permiten que se transporten sin perder su esencia, en otras palabras, bendita humanidad que ha encontrado formas de conservar alimentos y bendita globalización que a veces sí ayuda con soportes emocionales. Y benditas memorias que habitan en nosotros.

Por primera vez visité el museo del futuro de Berlín "Futurium" y me hizo tener sentimientos encontrados, pues por un lado muestra realidades que no se ven muy prometedoras, pero por otro, es una invitación para que no dejemos de imaginar futuros en los que vivamos con más armonía con la naturaleza, aprendamos a reparar más que a tirar, utilicemos siempre la ciencia y la tecnología sin desconectarnos de lo verdaderamente importante y otros asuntos que me dejaron con muchas preguntas.

Este mes nos dio COVID, afortunadamente no muy fuerte, pero fue frustrante porque no pudimos vernos con personas importantes que esos días celebrarían con nosotros nuestro aniversario, los días de encierro pude nuevamente valorar la importancia de los lazos que cerca o lejos, son un sostén de cuidado y cariño.

Adrián dice que cada vez más estoy sacando a mi "andrea alemana", ojalá así sea pues me doy cuenta que para comunicarme en alemán, debo hacer otras voces, otras caras y hasta sentir de otras maneras, por lo que intento ir construyendo con paciencia esa versión de mí sin miedo y sin vergüenza. (no es fácil)

Para sacar nuevas versiones me ha ayudado siempre el "clown" y por primera vez tuve la oportunidad de presentar a mi personaje "Achú" en un evento de la embajada mexicana con niños y niñas que debían dibujar la biodiversidad de México; le eché ganas para presentarles algunos animales, texturas, sabores, olores y compartirles la importancia de conectar con nuestros sentidos y con la imaginación para crear.



Fue divertido, aunque me doy cuenta que siempre la comunicación y pedagogía con infancias es un reto; pues por más de que hablamos de jaguares, armadillos, iguanas, nopales, chocolate, chile, árboles, mares, ecosistemas y la importancia de defender lo que está vivo. Una de las niñas acabó dibujando una salchicha. 

Y bueno, mi corazón sigue contento, porque al final, una niña corrió para abrazarme de las piernas con fuerza y se paró el tiempo.

Nos debemos parecer un mucho más a ellos y ellas en su honestidad y cariño espontáneo.

Tenemos un aparato Adrián y yo que se llama "snappy" y sirve para encapsular algunos insectos y poder sacarlos sin hacerles daño, sin embargo por distraída lo usé al revés y lastimé a una abeja,
 sentí horrible.
La abeja siguió moviéndose un poco y tuve esperanza de que reviviera, por lo que la puse en la composta donde había más abejas comiendo uvas. No sé si vivió o no, pero me quedó la sensación de que le debía un entierro digno y desde mi punto de vista, la composta debería ser el único mecanismo para cerrar ciclos de vida y muerte.
         Ojalá todo lo que usáramos fuera compostable. Eso significaría que alguna vez estuvo vivo y que a su vez, dará vida después.

Este mes lloré un par de veces, a veces no tengo tan claro si es por la guerra, por extrañar mi tierra y a mi familia, por lo doloroso de aprender otro idioma o por gratitud. Tal vez es todo junto, pero ¿sería mejor que nuestro corazón viniera con lupa o mapas para poder entenderlo mejor?

Para cerrar con broche de oro este mes, tuve visitas de mi querida amiga Mariana y su familia, aunque fue una visita exprés, me sirvió para recordar que el amor también viene en forma de amistad, de pláticas, de abrazos y anécdotas, de consejos, risas, sorpresas, y recuerdos que se comparten, también a veces de dolores y llantos...

 Se terminó mi mes de aniversario, qué rápido pasó un año de casada y qué importante es seguir reflexionando sobre lo que es el amor y luchar para que nos acompañe en nuestro día a día. Y más importante aún, seguir agradeciendo que el amor bonito, llene nuestras vidas.





miércoles, 20 de julio de 2022

Un día muy mágico o de cómo entramos gratis a ver a #Coldplay

(English version below) 

"Me gustaría ir a Mexikoplatz", me dijo  mi prima mexicana-suiza que vino de visita a Berlín por un par de días.

Yo estuve de acuerdo, pues entiendo muy bien esa sensación que tenemos las personas que vivimos lejos de nuestro país de querer conocer cualquier cosa que se relacione con él. 

Entonces después de hacer deporte, nos seguimos a conocer esa plaza y planeábamos de ahí, ir al lago a aprovechar el lindo clima que No sucede siempre por estas tierras. Sin embargo nuestro plan tuvo un pequeño giro cuando al llegar a la estación del S-Bahn Mexikoplatz, me detuve por un momento porque me llamó la atención un sobre que estaba encima de las máquinas para sellar boletos, al tomarlo, me quedé petrificada cuando vi el contenido del mismo.

Mi prima y yo nos volteamos a ver con una mirada cómplice y desde ahí comenzó una montaña rusa de emociones, interpretaciones, dilemas morales.

¿Qué debíamos hacer con ese par de boletos para ver a Coldplay en un par de horas en su última fecha en Berlín?

Yo no podía creer lo que estaba pasando y revisé los boletos minuciosamente intentando encontrarle la trampa, también observé a mi alrededor para ver si no habría cámaras observándonos o una persona tratando de agarrarnos en alguna "movida". ¿Todas las personas somos así de desconfiadas cuando algo "bueno" nos sucede?

No lo sé, pero era demasiado bueno para ser verdad. Yo tenía ganas de ver a Coldplay desde México, sin embargo el concierto coincidió un día después de mi vuelo a Berlín y bueno los boletos para verlo acá, además de estar fuera de mi presupuesto porque Euros, pues volaron muy rápido, así que la posibilidad de verlo ya no estaba en mi radar, hasta que un hombre cambió mi historia.

El sobre tenía el mismo nombre que mi suegro alemán y una dirección ubicada en el pueblo de mi otro suegro alemán (que es padrastro de mi esposo), esa combinación me pareció como una señal cósmica; ya saben que los seres humanos nos buscamos explicaciones a todo y a mí en general, me gustan las explicaciones mágicas y más cuando se trataba de una de mis bandas musicales favoritas, así que eso era magic.

Con eso en mente, pero también tratando de ser cuidadosas, decidimos buscar el nombre que traían los boletos en internet y encontramos en google un teléfono, nos intentamos comunicar, pero no obtuvimos respuesta, así que decidimos que si lográbamos entrar pues era un regalo del universe. 

Con eso en mente nos dirigimos al Olympiastadion en ropa deportiva y cosas para ir al lago en nuestras bolsas (jaja)



, claro que también con un estómago lleno de mariposas que me recordaron la primera vez que vi a Coldplay gracias a mi querido amigo Sebastián hace más de 12 años en el Foro Sol, en donde llovieron mariposas de papel.


 Al llegar, intentando ocultar nuestro nerviosismo en la puerta, pasamos los boletos por la máquina y "pum!" que funcionan sin ningún problema, nadie nos pregunta nada y bueno lo demás ya es parte de las noches más SINPALABRAS que he tenido.

Lloré, grité, bailé, y me quedé con un gran agradecimiento porque existan bandas como ellos que tienen un compromiso inmenso con este planeta, logran mover a tantas personas con su música e iluminan a donde llegan. 


Y por supuesto que no dejo de pensar en Dieter de Oldenburg a quien le agradeceré infinitamente por habernos dado ese regalo.

Tenemos muchas hipótesis sobre lo que pudo haber pasado para que dejara los boletos en Mexikoplatz, pero nuestra explicación favorita, es que es un ser humano generoso que no pudo ir al concierto y quiso que otras personas pudieran disfrutarlo (Vielen Dank!)

Y bueno, así ya pasó a la historia ese 13 de julio de luna llena, el día del fallecimiento de Frida Kahlo en el que en Mexikoplatz sucedió algo milagroso y Coldplay nos puso a jugar y recordar que Viva la vida




English Version

"I would like to go to Mexikoplatz," said my Mexican-Swiss cousin who came to Berlin for a couple of days.


I agreed, because I understand very well the feeling that we who live far away from our country have of wanting to see anything that is related to it. 


So after doing some sport, we went on to see the square and from there we planned to go to the lake to enjoy the beautiful weather, which is not always the case in these parts. However, our plan took a slight turn when we arrived at the Mexikoplatz S-Bahn station and I stopped for a moment because I noticed an envelope on top of the ticket stamping machines, and when I picked it up, I was petrified when I saw its contents.


My cousin and I turned to look at each other with a knowing look and from there began a roller coaster of emotions, interpretations, moral dilemmas.


What should we do with that pair of tickets to see Coldplay in a couple of hours on their last date in Berlin?


I couldn't believe what was going on and checked the tickets thoroughly trying to find the catch, I also looked around to see if there wouldn't be cameras watching us or a person trying to catch us in some "move". Are all people this suspicious when something "good" happens to us?


I don't know, but it was too good to be true. I was looking forward to seeing Colplay from Mexico, but the concert coincided one day after my flight to Berlin and the tickets to see him here, besides being out of my budget because Euros, flew very fast, so the possibility of seeing him was no longer on my radar, until a man changed my story.


The envelope had the same name as my German father-in-law and an address located in the town of my other German father-in-law (who is my husband's stepfather), that combination seemed to me like a cosmic sign; you know that human beings look for explanations to everything and I generally like magical explanations and even more when it was about one of my favourite bands, so that was magic.


With that in mind, but also trying to be careful, we decided to look for the name on the tickets on the internet and we found a phone number on google, we tried to call, but we didn't get an answer, so we decided that if we could get in, it was a gift from the universe. 


With that in mind we headed to the Olympiastadion, of course also with a stomach full of butterflies that reminded me of the first time I saw Colplay thanks to my dear friend Sebastian more than 12 years ago at the Foro Sol, where it rained paper butterflies.

When we arrived, trying to hide our nervousness at the door, we passed our tickets through the machine and "bang!" they worked without any problem, nobody asked us anything and well, the rest is already part of the most "withoutwords" nights I've had.

I cried, I screamed, I danced, and I was very grateful that there are bands like them who have an immense commitment to this planet, who manage to move so many people with their music and illuminate wherever they go. 

And of course I can't stop thinking about Dieter from Oldenburg, whom I will thank infinitely for giving us that gift. (Vielen Dank!)

We have many hypotheses about what could have happened to make him leave the tickets at Mexikoplatz, but our favourite explanation is that he is a generous human being who couldn't go to the concert and wanted other people to enjoy it (Vielen Dank!).


And well, that's how that full moon July 13th went down in history, the day of Frida Kahlo's death when something miraculous happened in Mexikoplatz and Coldplay made us play and remember that Viva la vida!


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