martes, 6 de agosto de 2013

La educación es un arma cargada de futuro

Texto compartido en las mesas de la Bienvenida a lxs nuevos estudiantes de Pedagogía. Agosto 2013. Facultad de Filosofía y Letras.

Antes que nada celebro el hecho de encontrarnos aquí compartiendo palabras y haciendo costumbre que las y los pedagogos construyamos espacios de diálogo.

Agradezco la invitación y felicito la organización de todo esto.

Me emociona ver los rostros de quienes llegan a esta facultad, hace unos años yo estuve en ese lugar, otros me dieron la bienvenida y me recordaron lo afortunada que era por haber entrado a esta universidad.
Ahora  me toca a mí decirles que la disfruten mucho, aprovechen todo lo que brinda, recorran cada rincón, entren a clases de diferentes carreras, hagan deporte, bailen, prueben todas las cafeterías y pierdanse en la inmensidad de la UNAM pues sólo perdiéndose se van a poder encontrar. 
A mí siempre me ha gustado eso de perderme, el sentido de la orientación no se me da mucho, antes sufría por eso pero he aprendido a disfrutarlo, además descubrí que perderme me permitía replantearme el rumbo y que en cualquier camino que tomemos siempre habrá alguien a quién le podamos preguntar y aquí está un punto con el que me gustaría comenzar: con las preguntas, sobretodo porque cuando yo estuve sentada ahí estaba llena de preguntas, algunas de las cosas que me pasaban por la cabeza eran;
¿Haré bien al estudiar pedagogía? ¿Qué será de mí en este colegio? ¿A qué me voy a dedicar en mi vida?
y por ahí habrá algunos que estén aquí por accidente y piensen ¿Qué hago aquí? ¿Por qué no me quede en mi primera opción? (Si es así por favor rectifiquen su camino porque profesionistas frustrados no queremos más)
Algunos otros dirán, ni sé qué es la pedagogía pero la elegí porque no tiene matemáticas.

En fin, cada quién con sus preguntas, espero poco a poco les vayan encontrando respuestas, en lo personal, 4 años después puedo decirles que he encontrado más preguntas que al principio pero me consuela saber lo que dice el Viejo Antonio, un personaje del Subcomandante Marcos, si para algo sirven las preguntas es para caminar y entonces me viene a la mente la pregunta que me trajo hasta aquí:
¿Qué ha significado la pedagogía en tu vida?
¿Por dónde empezar?

Primero significó un conflicto pues no sabía si estudiar pedagogía o biología.
Sin embargo el conflicto se resolvió cuando en una campaña de alfabetización con el Colegio Madrid conocí las ideas de un pedagogo que se llama Paulo Freire y me convencí de que la educación era uno de los caminos para mejorar este país; y aunque en ese momento la verdad no sabía lo que era la pedagogía( sí sabía que se relacionaba con la educación porque vi el plan de estudios) y aquí me quede.
Por lo tanto primero la pedagogía significó un conflicto, después significó una decisión y les puedo decir que ha sido de las decisiones más importantes en mi vida, ¿Por qué? Más adelante les doy más detalles, por lo pronto me viene otra pregunta.
¿Qué cosas importantes han elegido en su vida?

Yo cuando pienso en eso descubro que no elegí en donde nacer, no elegí mi cara, ni a mi familia ni siquiera mi nombre, sin embargo en la vida diaria me encuentro con otro tipo de elecciones, por ejemplo: si levantarme o no de la cama, qué ropa utilizar, qué desayunar, si tomar el metro o caminar, qué amigos tener y muchas veces me enfrento con otras situaciones, por ejemplo si ayudar o no a alguien que lo necesita en la calle, ceder el asiento, pelearme con mi mamá, en fin esas y muchas más acciones suceden en la vida diaria. 
¿Qué orienta nuestras acciones?

Y entonces aparece esa cosa que para algunos es un derecho, para otros es una cifra y para mí como pedagoga es un proceso: la educación y de alguna forma es a ella a quién le debemos lo que sucede en nuestra conciencia tanto individual como colectiva.

Ahora que entran ustedes también a este magnífico tema verán que les zumbaran los oídos cuando escuchen, "ay ese está mal educado, qué mala es la educación de México, hay que dar educación de calidad, la educación no se vende, se defiende", etc; ya irán descubriendo que tanto la educación como la pedagogía están por muchos lados, sin embargo las y los pedagogos ¿dónde estamos?

¿En la secretaría de educación Pública? ¿En la rectoría de las universidades? ¿En los museos? ¿En las escuelas?

Cuando las personas me preguntan
¿Qué estudiaste?
Pedagogía, contesto.
¿Aaa te gustan los niños?
Sí, contesto a regañadientes.
Después reflexiono, a muchas personas, cuando escuchan la palabra pedagogía, se les viene a la mente una mujer con una batita de colores, rodeada de niños pequeños y entonces pienso, ¿qué hemos hecho como pedagogos  y pedagogas para que existan esas imágenes mentales en las personas? ¿cómo se construyen las imágenes mentales? ¿se puede destruir esa imagen?
Pero sobretodo, ¿qué imagen queremos que exista en las mentes cuando escuchen la palabra pedagogía?

Todas esas preguntas se las dejo como reflexión y regreso a aquella que prometí que iba a contestar:
¿Por qué estudiar pedagogía ha significado una de las decisiones más importantes de mi vida?

Primero porque ha sido una de las primeras cosas que decidí sola y que luche hasta alcanzar, después porque me ha hecho pensar que muchas veces somos lo que aprendemos y que por lo tanto, en la medida que construyamos más espacios de aprendizaje, más posibilidades existirán para elegir quiénes queremos ser.
Además, a través de la pedagogía he entendido que en los procesos de enseñanza y aprendizaje existen muchos caminos para llegar a un mismo lugar, por lo tanto debemos poner una especial importancia en los medios que utilizamos, como bien diría Freire, los procesos educativos nunca son neutros  debemos tener claro qué tipo de ser humano queremos y en consecuencia qué mundo vamos a construir.

Ser pedagoga de la UNAM, en México, en el año 2013 ha significado situarme en un contexto específico, volverme consiente de que mis acciones repercuten en la realidad y afectan a otras personas, aceptar que hay condiciones históricas que nos limitan y que a veces duelen; identificar los impulsos, instintos, emociones e ideas  que intervienen en los procesos educativos y buscar que se canalicen creativamente para construir y no para destruir.

Implica también aceptar lo afortunada que soy por haber concluido mi educación básica, haber llegado a este nivel universitario, tener mis necesidades básicas cubiertas y un sinfín de cosas más que me permiten tener las ganas y la paciencia de luchar para que otros y otras también lleguen a donde se lo propongan, pues “nadie es si se prohíbe que otros sean”.

Pero ¿Cómo Ser en una realidad donde hay violencia? ¿En la que por encima del ser está el tener y con ello nos estamos acabando los recursos naturales?, ¿Una realidad en la que pasar por encima del otro es más fácil que ayudarle a levantarse? Y ¿Grabar con el celular las peleas es más importante que detenerlas?, ¿Cómo ser en un país en donde la pobreza va en aumento, se invierte más en armas que en educación, a diario hay más muertos que artistas y los cuerpos se han convertido en mercancías o cifras?, ¿Cómo ser a pesar de la obesidad que dificulta la movilidad, la televisión que invita a quedarnos sentados y a ver cómo otros actúan, ¿Cómo ser en un mundo en donde se reprimen las manifestaciones, se da más importancia a los bancos que a las familias y se construyen más cárceles que parques?

En fin…como les dije tengo más preguntas que repuestas, sin embargo también ahora tengo más esperanzas y saben ¿Por qué?

Porque puedo ver que aún habemos unas cuantas locas que a pesar de tener todo eso en contra creemos que las cosas pueden ser diferentes, estudiamos pedagogía sabiendo que no seremos millorarios (bueno si conocen alguna pedagoga millonaria me avisan) pero por lo general por lo menos en mi corta vida, las satisfacciones que me ha traído la pedagogía no han sido materiales pero sí han sido muchas.

Ojalá la pedagogía les traiga muchas satisfacciones, les apasione tanto como a mí y preguntando, sigamos dando pasos que nos vayan acercando poquito a poquito al mundo que queremos construir.

Como aún me queda tiempo y considero que la pedagogía junto con el arte deben ir de la mano quiero compartirles un fragmento de una versión que modifique un poquito  (bueno mucho) de un poema de Gabriel Celaya, poeta español  que se llama “la poesía es un arma cargada de futuro” ahora dice:

LA EDUCACIÓN ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Educación para el pobre, educación necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.

Maldigo la educación concebida como un lujo  cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la educación de quien no toma partido hasta mancharse.
Tal es mi pedagogía: educación-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.



viernes, 26 de julio de 2013

los viajes no caben en palabras

Los viajes no caben en palabras,
tal vez quepan en instantes que estremecen,
en tiempos cortos que recorren largas distancias.
en caminatas incansables, en rostros desconocidos que ayudan.

Un viaje no viene sólo, viene acompañado de recuerdos,
de fotografías que no se tomaron, de platillos que se saborearon
y de amigos que se hicieron, sólo se entiende en prospectiva y se asimila en perspectivas.

Si no confías en las personas no viajes.

Los nuevos caminos apagan los miedos, 
los miedos apagan los nuevos caminos,
Si viajas asegúrate de llevar todas tus partes pues no las vas a necesitar,
nuevas partes tendrás que inventar.

Cuando empiezas a viajar sabes que un día vas a terminar,
quizá cuando quieras, tal vez cuando no puedas más,
siempre cuando necesites volver a empezar.

Si terminas un viaje no sientas pesar,
siente lo demás, siéntete, siéntate,
y cuando te vuelvas a levantar,
ten por seguro que nada volverá a ser igual.

Los viajes no caben en palabras,
tal vez quepan en la piel.

martes, 25 de junio de 2013

Comerse el mundo

Cada quien tiene su forma de cerrar ciclos, sin embargo una bastante común tiene que ver con los viajes.
Se acostumbran viajes al terminar la prepa, o al empezar un matrimonio así como al terminar una carrera, como es mi caso.
Cuando pienso a qué nos enfrentamos al viajar y cual es su importancia, me encuentro con múltiples respuestas, por un lado implica movimiento, lo que puede desequilibrarnos y por lo tanto empujarnos a buscar de nuevo posiciones para ser y estar en el mundo; por otro lado implica incertidumbre, otro aspecto que nos enfrenta con lo que somos dentro de nuevos escenarios.Además en general los viajes implican despedidas, este en especial, quiero que sea para despedirme un poco de mi vida de estudiante, pues aunque estoy con ganas de hacer un posgrado, por lo pronto terminé una etapa importante, de ahora en adelante, los pasos que vaya avanzando tienen un rumbo un poco más claro con respecto a mi vida profesional pues ya voy definiendo lo que quiero y con ello a lo que estoy dispuesta a comprometerme; lo que seguramente poco a poco conllevará más responsabilidades que quizá sea más complicado dejar al pasar del tiempo.
Por eso y por otras razones me voy.
Para festejar la vida que llevo, cerrar ciertos ciclos que he ido abriendo y seguir probando pedacitos de mundo para digerir y transformar mejor.

domingo, 9 de junio de 2013

¿qué sigue al terminar la carrera?

Cada vez más personas cercanas, terminan la Universidad y con ello me vienen ciertas reflexiones con respecto a lo que eso significa.
En un país en el que aproximadamente 3 de cada 10 jóvenes de entre 19 y 23 años ingresan a la educación superior , terminar una carrera universitaria es un logro y un privilegio, ¿qué vamos a hacer ahora que egresamos de la carrera? ¿cómo aplicaremos lo que aprendimos en nuestros trabajos? ¿qué trabajos elegiremos? ¿será que la vida laboral es lo que esperamos? ¿habremos elegido bien nuestra profesión?
Estas y más preguntas seguramente vendrán a la cabeza de más de uno y las respuestas dependerán de nuestras acciones, las cuales espero sean consecuentes con lo afortunados que somos.

¿A quién agradecer por la fortuna de haber estudiado una licenciatura?

Esa es una respuesta de opción múltiple pues me imagino que no es lo mismo para quienes estudiamos en una universidad pública y de alguna manera debemos agradecer a los impuestos (y agradecer es un decir porque en realidad es nuestro derecho pero ese es otro tema) que los que estudiaron en una universidad privada, la cual seguramente fue financiada por sus padres.

De los universitarios 1 de cada 3 estudian en universidades privadas, ¿qué diferencia habrá?
Quizá aquellos que egresan de este sector, se verán más interesados en trabajos que les permitan recuperar la inversión económica que realizaron sus familias para su educación y probablemente querrán ocupar lugares en empresas con ingresos específicos y de alguna manera tengan una preocupación más individual en ese sentido. A diferencia (quizá) de quienes de alguna manera nos vemos más interesados por retribuir a la sociedad un poco de lo que significó haber estudiado de forma "gratuita".

¿Qué tanto estudiar en universidades privadas nos lleva a trabajar más por intereses individuales que colectivos?

No tengo la respuesta pero me preocuparía que así fuera y aquí me viene otra pregunta ¿por qué y/o para qué estudiamos?
Pienso que además de para conseguir un buen trabajo como varios me han contestado y en el mejor de los casos, desarrollarnos como personas en aspectos que nos agraden (que podría ser la parte individual);
estudiamos para conocer mejor a cerca de la realidad, construir alternativas para la mejora de las condiciones de vida más allá de las propias y encontrarnos con diferentes formas de ver el mundo que nos brinda cada profesión pero sobretodo pienso que estudiamos para situarnos en una sociedad que necesita de jóvenes que se hagan responsables de las transformaciones que requiere el país, valoren el hecho de haber ido más allá de la educación básica y se sitúen de tal forma que sus aportaciones beneficien a las personas que directa o indirectamente hicieron posible terminar el ciclo como universitarios.

viernes, 17 de mayo de 2013

Marcas de infancia

A veces crecer implica saber decir adiós.

Aunque desde hace un tiempo ya no vivimos ahí, hoy me despedí de un lugar en donde crecí, pase casi 20 años de vida y miles de aventuras que involucraron muchos sentimientos.
En cada rincón de Michoacán #6 aún se escuchan las risas compartidas, se perciben los escondites favoritos y las marcas que dejó mi infancia.
Los árboles susurran las historias que pasamos, los amores, las amistades y las soledades.
Por el pavimento percibo las ruedas de la bicicleta en la que aprendí a volar, por las paredes del patio quedan las marcas del balón que mi hermano pateaba cada tarde, cuando convertía un pequeño pedazo de pasto en estadios inmensos, frecuentemente el grito "bolita por favor" se hacía presente cuando la volábamos al terreno de junto.
Al ver las escaleras y patios, aún se alcanzan a ver restos del castillo que construía con mis vecinas que en ese tiempo eran como mis hermanas, en donde comíamos manjares echos de lodo, adornados con flores y multisabores, ese mismo castillo que convertíamos en tiendita, en cancha de "kickball", pista de patinaje, terreno para jugar a "las traes" , "tin tin corre"y cada cosa que inventábamos en tardes eternas de juegos e imaginación, de travesuras que ponían a prueba nuestra inteligencia y pusieron los cimientos de lo que somos; pues si algo tuvo de ventajas vivir ahí fueron las áreas verdes en las que aprendí, hice amigas, me caí y me levanté año tras año.

Ya adentro, en los rincones del departamento, aún veo a mi familia festejando cumpleaños, apretaditos en la mesa pero contentos.

Al asomarme por la ventana recuerdo cómo era el paisaje hace tiempo, sin tantos edificios y un par de gallinas enfrente, más claro el cielo, los árboles no tan altos y los sueños por delante.

Cuando entro a mi cuarto, aún escucho las voces de las pijamadas y si presto atención, me veo a mí misma asomada por mi rincón alto, buscando la luna para crecer con ella.
En la cocina, quedan pedacitos de las galletas que hicimos cuando nos creíamos chefs;
 en la sala, el arbolito de navidad tiene unas luces que se prendían con las ilusiones que nos causaban los seres mágicos que estarían por llegar.

Se ha quedado inmortalizada una imagen, en el pasillo hacia la puerta, en la que mi hermano y yo cargamos nuestras mochilas para ir a nuestro primer día de clases en el Colegio Madrid.

Ese y muchos instantes más, vivimos en ese espacio que ya no será más que un recuerdo para nosotros y la prueba de que los sueños se pueden alcanzar, pues a pesar de que yo prefería viajar más que comprar una casa, dejar ese departamento sin duda ha significado un crecimiento para todos y muchas nuevas satisfacciones.

Agradecer, creo que también es parte de crecer, así que  gracias Michoacán #6, por todo lo vivido pues mucho de lo que soy hoy te lo debo a ti.


Antes de irme de ahí, veo como un par de niñas corren felices por los jardines,
mientras las contemplo por un instante, pienso que la vida es corta y que siempre se disfruta más cuando tus recuerdos de infancia te sacan sonrisas y te permiten vivir de nuevo instantes de felicidad.






jueves, 9 de mayo de 2013

De vientos y Buenos Aires


Salgo del cuarto en el que duermo con 2 argentinas de provincia, una colombiana y una venezolana, quienes rentamos en la casa de una uruguaya ubicada cerca del centro de Buenos Aires.
Me dirijo a comprar leche en el local de los chinos, en dónde todo es más barato y aunque de dudosa calidad es una buena opción para una estudiante mexicana.
En la esquina me encuentro con un par de jóvenes fumando marihuana y paso sin prestarles mucha atención. Antes de llegar observo como un hombre, sube a su auto lujoso a una trabajadora sexual, quién a pesar de la hora, ya comenzó sus labores. Al distraerme me tropiezo con una bolsa  de desechos del Starbucks, al parecer no han pasado a recogerla, probablemente porque los transportistas volvieron a frenar sus labores por demandas de los trabajadores.
Cuando llego a la primera tienda de los chinos me doy cuenta de que está cerrada, así que sigo caminando a la avenida para buscar otro local comercial. A lo lejos se escuchan los gritos de las madres en Plaza de mayo, exigiendo justicia por sus hijos desaparecidos durante una de las dictaduras.
En la siguiente esquina, un hombre duerme en un colchón viejo tapándose del frío con cartones y a pocos metros, de un edificio lujoso sale una joven paseando a 6 perros que llevan un mejor abrigo que el hombre dormido.
En el hospital más cercano, hay una fila grande de personas esperando para entrar, mientras vendedores ambulantes les ofrecen diferentes productos, el sonido de un avión que pasa cerca, despierta a un niño.
En esos momentos viene a mi cabeza una de mis tías diciéndome “Ché, acá las cosas van de mal en peor, no podemos cambiar nuestro dinero a dólares y cada vez estamos más pobres, nunca podremos viajar a México, no nos alcanza para subirnos a un avión, a veces ni para comprar medicinas” callada la observo y le doy un sorbo al mate que me preparó; me cuanta que las cosas en provincia son peores que en la capital. Ella y sus hermanas son de San Juan, del norte, en donde los climas son extremos y la vida tranquila, viven con lo básico, sin lujos.
Cuando llegué a conocer la tierra de mi familia, percibí un olor a viejo, parecía como si el tiempo no hubiera pasado por ahí, muchas calles no están pavimentadas y las gallinas y vacas forman parte de las casas. Todos se conocen y frecuentan los mismos lugares, tal vez como algunos pueblos de México.
La producción de vino es su especialidad aunque cada vez hay más competencia y el cambio climático se las está complicando.
Mientras comemos un asado las pláticas de política están prohibidas, aunque es clara la división entre los que están de acuerdo en que siga la minería a cielo abierto a cargo de empresas canadienses y los que no; su conclusión es que al final no hay nada que hacer, los políticos siempre hacen lo que quieren con los recursos.
Sigo caminando para comprar la leche, encuentro abierto un pequeño local a un lado de un espacio tomado que se usa como bachillerato popular, en donde se anuncia la presentación de una murga, emocionada apunto el lugar y la hora, las murgas me gustan porque muestran organización y resistencia; muchas tienen contenido de sátira política y con su música y vestuario alegran la vida en las calles.
Cuando entro a la tienda escucho los gritos de unos señores, al principio me asusto pero al poco tiempo me doy cuenta de que no es más que el festejo de un gol.
Saliendo de las compras decido tomar otro camino de regreso, a la vuelta me encuentro con varias personas de diferentes edades vestidos igual cantando dentro de un parque. Me acerco y confirmo que como imaginaba, forman parte de un grupo religioso. En Buenos Aires como en México, muchas historias se tejen entre el fútbol y la religión.
Antes de cruzar la calle, una ciega me pide que le ayude, la acompaño un par de cuadras, mientras intercambiamos algunas palabras, un joven rosa mi hombro corriendo, mi acompañante me pregunta por lo que pasa, pocos segundos después un par de policías atrapan al hombre, lo golpean  y le quitan la mochila que lleva para entregarla a un adolescente con uniforme escolar. Le describo la situación a la ciega que va conmigo, le digo que supongo que en este mundo a veces es mejor no ver lo que pasa; sonríe y contesta: estas cosas me duelen igual aunque parece que no las vea, me río apenada y nos despedimos, me queda una sensación extraña.
Decido sentarme unos segundos en un parque a ver a una pareja bailar tango, la pasión entre ambos me hace sentir de nuevo que en la vida hay mucho que disfrutar.


A pesar de que Latinoamérica esté llena de estas situaciones que evidencian la desigualdad, reproducen sistemas de explotación y buscan imponer modelos ajenos a sus realidades; son muchas las personas que están luchando y construyendo alternativas, ya sea para evitar que las dictaduras regresen o promover que se tome en cuenta a quienes forman parte de lo que parecen minorías y se les permita llevar a cabo una vida digna.
Parques, espacios tomados, la universidad, teatros, librerías, bibliotecas públicas, etc. son espacios en los que se puede generar resistencia y cultura, pero sobretodo experiencias educativas, de esas que transforman , que dejan de disfrazar a los derechos en servicios y permiten que cada ser humano pueda ejercer su libertad y transformar su historia .
Argentina es un ejemplo de que a pesar de las adversidades, es posible la organización, es un lugar en donde la palabra colectivo se ha vuelto un asunto  de construcción  cotidiana y la palabra mate no se relaciona con matar, sino con matear, este verbo que es sinónimo de compartir y que es una invitación para que estemos donde estemos busquemos pretextos para contar nuestras historias, compartirlas y aprender de ellas.

lunes, 6 de mayo de 2013

¿Desde dónde construimos la lucha por la vida?



Estos días, ha sido una pregunta que ha girado en diferentes espacios a lo largo del VII Seminario Internacional Freiriano. "Luchando por la vida digna: un grito colectivo."
En el que personas de aquí y de allá (UPN, UNAM, ENEO-Neza) nos organizamos para construir un espacio para el diálogo y para compartir experiencias que nos permitan leer mejor la realidad para transformarla.
Sin perder el espíritu Freiriano que nos convocó, la reflexión sobre nuestra práctica nos permitió posicionarnos con respecto a los acontecimientos que suceden en nuestro país.

Es cierto que basta con salir a las calles para percibir la pulsión de muerte que nos rodea, a diario nos enteramos de un sin número de actos que muchas veces reflejan una crueldad humana difícil de creer.

¿Qué lleva a un ser humano a destruir a otro?
Esto es difícil de contestar pues pienso que pueden ser muchas razones, sin embargo, también pienso que no hay razón suficiente que valga.
En los diferentes ámbitos, el laboral, familiar, escolar, etc. se presentan situaciones de agresión que es necesario identificar para evitar, pues poco a poco se agudizan y pueden terminar con la vida tanto propia como de alguien más.
Partiendo de la premisa de que tanto el Eros (pulsión de vida) como el Tánatos (pulsión de muerte) se encuentran en nosotros y limitan nuestras acciones, debemos ser capaces de reconocer cuando actuamos desde una u otra y las consecuencias que puede haber.
La complicación en cualquiera de los casos se encuentra en que no siempre es la razón la que nos guía, de hecho la mayoría de las veces actuamos desde las emociones, siendo estas las que nos inclinan a uno u otro lado de la balanza y por lo tanto las que con mayor medida debemos conocer y canalizar.
Otra complicación se encuentra en el sistema del que formamos parte en el cual a cada momento se nos invita a competir, consumir, sobresalir, a tener más a costa de cualquier cosa y por encima de quién sea, poniendo como normales las condiciones de vida de muchos y muchas que no cubren sus necesidades primarias y mostrando la violencia como algo de la vida cotidiana; en algunos casos el ser humano se convierte en un número y en los medios de comunicación con frecuencia aparece "40 desaparecidos" "100 cuerpos" etc. haciéndonos cada vez más insensibles ante la destrucción de la vida, no sólo humana sino del planeta entero.
Con todo esto, ¿desde dónde construimos la lucha por la vida?
¿Cómo hacer para que a pesar de lo que nos rodea, nuestras acciones tiendan hacia la vida y eviten que se siga negociando con nuestra dignidad?
Dignidad es otra palabra que parece que se nos ha olvidado, en ocasiones no sabemos siquiera definirla y por lo tanto defenderla, lo cierto es que desde mi punto de vista la lucha por la vida y la dignidad deben de ir de la mano pues vivir sin dignidad no es vivir.
Luchar por una vida digna ¿Qué implica?
Quizá caminar sin pisar ni ser pisados por nadie, conocer nuestras historias y hacernos responsables de transformarlas, escuchando todas las voces posibles sin caer en manipulaciones, ejerciendo nuestra libertad y construyendo posibilidades que a todos y todas nos permitan, además de cubrir nuestras necesidades primarias, desarrollar nuestra creatividad y en ella canalizar nuestras emociones.
Quizá en la medida en que más personas tengamos una vida digna, será menos la violencia que se desate hacia otros, que muchas veces es producto de la desigualdad o del poco respeto que nos tenemos a nosotros mismos y por lo tanto a los que nos rodean; producto de un sistema que nos oprime y nos invita a reproducir ciertas prácticas.

Cada uno sabemos qué actividades nos permiten tener una vida digna, está en nosotros luchar por ellas y encontrar las formas de canalizar nuestras emociones y dejar que la pulsión de vida sea más fuerte que la de muerte.
Tal vez nuestras formas de luchar deban comenzar por transformar lo que nos indigna en cualquiera de los espacios y tiempos de los que formemos parte.

Al final, a pesar de todo, está en nuestras manos hacer lo que históricamente es posible y que cada vez sean más y mejores las historias que podamos contar.