viernes, 7 de agosto de 2020

Casarse en pandemia

Muchas veces he sentido que mi vida es una disputa entre lo que imagino que sucederá y lo que realmente sucede. Siempre me ha emocionado la capacidad que tenemos los seres humanos de visualizar, planear, prever, fantasear. ¿Seremos los únicos animales con este hábito?

Tal vez no. En mi caso, soy alguien que disfruta estructurar en su cabeza escenarios y bueno, como a muchas mujeres nos sucede (en este sistema heteropatriarcal ), el día de la boda es uno de esos escenarios que, desde que conocí a mi actual pareja, imagino una y otra vez. 

Debido a nuestra historia de amor, que se ha ido tejiendo entre Berlin y Ciudad de México, nos ha tocado superar obstáculos como la distancia y algunos papeleos burocráticos que se presentan en este mundo lleno de fronteras, nacionalismos y barreras que hemos podido superar, me gustaría decir que por amor, pero lo cierto es que (aunque el amor sí ha estado y me siento afortunada por eso) ha sido más por los privilegios que hemos tenido por diversos motivos.

Una de esas barreras, se nos presentó hace pocas semanas cuando comenzamos a planear un viaje a Berlin y nos enteramos que, debido a la pandemia, era posible que tuviera yo algunos problemas para entrar al no tener residencia en Europa. Considerando esto y nuestras ganas de estar juntos, movimos algunas piezas para conseguir un papel que me permitiera "cruzar el charco" y fue así y gracias a  Punzo (un amigo de mi papá), que nos casamos el 4 de agosto. Un martes, a pesar de que como dice el dicho, "ni te cases ni te embarques", pero era ese día o "quién sabe cuándo,porque nos vamos de aquí y no sabemos cuando volvemos a hacer estos trámites" como nos dijo el secretario de la amable juez que nos casó.

 Evidentemente, ese casamiento, no se acercó nada a mi imaginario. Fue en la doctores, en medio de miles de papeles de defunciones por COVID-19, sin familiares o amigos de testigos, ni música, ni jardín, y lo peor de todo, sin bailongo ni abrazos.

Aún así, el día fue inolvidable por detalles como el moño en el coche, el sandwich de desayuno de mi papá, el ramo bendecido, el vestido con el que se casó mi madre, los aplausos y gritos de ánimo de desconocidos afuera del juzgado, la sesión de fotos donde "le llegué" a mi actual esposo, la presencia de mi abuela que se animó a salir a pesar de la pandemia, la tecnología que nos permitió brindar con la familia de Alemania, los chiles en nogada para comer, la genial sorpresa de la noche de bodas que organizaron mis amigas (en B&B Chaya que les recomiendo), y el haber logrado que después de varios papeleos fallidos, Adrián y yo, seamos una familia reconocida por el Estado, lo cual es un privilegio enorme, pues no cualquiera puede elegir a su familia.

Después de todo y gracias al privilegio más grande que es estar rodeada de personas que nos apoyan y quieren; pudimos tener un día hermoso de boda  íntima y única en esta gran Ciudad de México, y aunque lejana de lo que nos imaginábamos, estamos contentos, muy agradecidos y emocionados por lo que viene; también esperanzados de que algún día, se logre nuestra boda "soñada", es decir, aquella en la que nuestras tribus convivan en la pista, celebremos cerquita con todas las personas que queremos y los privilegios nos lleguen en forma de abrazos. 

Mientras, nos queda ser pacientes y luchar porque en este mundo, cada vez sea más fácil amar.





sábado, 20 de junio de 2020

El día más largo del año y no me casé

Me gusta escribir cuando me llegan motivos para hacerlo.
Hoy es de esos días.
Si no hubiera sido por la pandemia, a esta hora, ya estaría casada, tal vez estaría sudando en la pista de la mano de mi esposo con muchas personas emocionadas por esa decisión. Sin embargo, estoy en una tarde lluviosa, en mi hogar, con la persona que elegí para que sea mi compañero, una persona hermosa en todos sentidos, saboreando el mejor alfajor que he probado en mucho tiempo y que curiosa y afortunadamente venden a una cuadra de donde vivimos.
También estoy con muchos pensamientos que me rodean, pues ayer me enteré que dejaré de trabajar en la Ibero a finales de julio y tengo muchas preguntas con respecto a lo que sucedió en ese lugar, lo que aprendí, lo que pude hacer mejor, lo que sale de mis manos, lo injusto, lo justo y bueno sobre todo agradecida porque conocí a personas muy hermosas y me apasioné aún más por los temas de la educación ambiental. Ahora tengo muchas ideas, proyectos, sueños en mente, espero que vengan con remuneración digna, lucharé por ello, es una lucha urgente para las de nuestra generación.

Hay una sensación rara cuando las cosas no suceden como lo planeado, cuando la vida, tu jefa, una enfermedad contagiosa o lo que sea, decide, y con ello afecta tu presente y también tu futuro. Pero en ese caso no queda más que abrazar lo que no puedes cambiar (como diría mi futuro esposo) y yo le agregaría y empujar lo que sí puedes.

Este 20 de junio, el "día más largo del año" lo habíamos elegido para hacer un pachangón por habernos encontrado y elegido, con un poco de romanticismo, de ritual, pero sobre todo como un acto de unión entre todas nuestras tribus.
Este día se recorrerá hasta el próximo año y gracias a eso podrán estar personas que hoy no hubieran podido venir, 3 de ellas porque estarían por parir en poco tiempo. Lo que significa que se sumarán a las tribus, otros tres integrantes, me emociona eso, a veces lo inesperado abre oportunidades bonitas.

De todos los planes que el Coronavirus ha cambiado, el nuestro creo que es de los menos graves, nos regala más tiempo para saborearnos el momento, pensarla mejor, qué tal que nos rajamos (jeje, no se asusten) la fiesta se logrará y llegará con más ganas de abrazarnos.

Además, hoy amanecí con un grano enorme en la cara, así no me hubiera podido casar, jajajaja





lunes, 15 de junio de 2020

Brillar (cuidar) en tiempos de coronavirus

Mientras veo por mi ventana cómo empiezan a caer las primeras gotas de lluvia,
un pájaro parado en el árbol, me mira y luego mira al horizonte. Él afuera, yo adentro.
Él volará con sus alas, yo con mi imaginación y escritura. 

Son contados los días que he podido pasar sin horarios, desde pequeña,
asistía a clases de natación, gimnasia, futbol, volibol, pintura, además de a la escuela,
en la que pasé 22 años de mi vida aproximadamente con tiempos estrictos de entrada,
receso, clases, salida. Entre eventos sociales, partidos y compromisos puntuales; el reloj,
me ha acompañado en la cotidianidad, también la gente, los pájaros  y por supuesto
las lluvias, esas que se disfrutan sobre todo en la comodidad del hogar.
Que por el momento puedo tener.

Mi cinta de vida, hasta hace poco más de un mes, corría con pocas pausas,
en ciertas vacaciones o contados días en los que decidía quedarme en casa,
casi siempre sabiendo que dejaba de hacer algo o de ver a alguien.
En la lógica de productividad y aceleración, no hay tiempo que “perder”.

Entre el tiempo y la compañía se han tejido mis primeros 30 años.

Hoy, el aislamiento obligado me ha hecho vivirme diferente, despertar sin despertador,
desayunar con calma, escuchar mi cuerpo para comer, desplazarme para leer entre sillones,
conforme el sol que se asoma en los rincones de mi casa, marque el ritmo.
Un ritmo pausado. Como sintiéndome en calma, aunque
¿no es una tormenta lo que estamos viviendo?

El privilegio de la calma no le toca a todas las personas y eso es parte de la
normalidad que espero cambie después de todo.
Pues las lluvias son bellas si no te mojan o arruinan el día.

Con más detalle, estos días, he podido percibir que a toda hora, alguien trabaja afuera,
barriendo, vendiendo tamales, elotes, camotes, fierro viejo, pan, gas o tal vez repartiendo ,
sanando, cuidando en hospitales y casas, en calles.

Como diría Boff, los mitos antiguos y los pensadores contemporáneos más profundos
nos enseñan que la esencia humana no se encuentra en la inteligencia,
en la libertad ni en la creatividad, sino básicamente en la capacidad de cuidar. 

Una pandemia nos está recordando el cuidado necesario de una extraña forma
en la que se nos pide distanciarnos, qué ironía. 
Antes de esto, si pensaba en lo que significa cuidar,
siempre me imaginaba rodeada de personas que apapacharan,
cocinaran, limpiaran, se escucharan entre ellas, con masajes, cantos colectivos,
comidas compartidas, rituales. 
El cuidado para mí siempre ha tenido rostros cambiantes.
A veces ha sido mi abuela sirviendo comidas deliciosas, mi madre pidéndome que no
salga sin paraguas, mi padre haciéndome el desayuno antes de ir a la escuela,
mi tía prestándome ropa, mi prima haciendo una sopa, mi hermano esperándome
afuera del colegio. Actualmente, ya en mi vida adulta, el cuidado va cambiando lentamente
y en este confinamiento lo he podido percibir con más detalle. 
Hace unos días me sangró mucho la nariz y mi pareja asustado,
llamó a un médico para que nos diera indicaciones.
Para él, el cuidado muchas veces tiene que ver con llamar al médico de la familia
y seguir las indicaciones, para mí, cuidarnos tiene que ver menos con médicos
y más con propias estrategias que incluyen trapos, chochitos, tés, descanso.
Cada quien traza sus rutas de cuidado y se convence a sí mismo de que hace lo
mejor para sobrevivir. En pocas palabras, cada quién elige sus propios paraguas.

El cuidado con la pandemia, parece que ha pasado a volverse nuestro invitado en
cada instante.

Y yo, he tomado conciencia de que todas las personas que me han cuidado,
habitan en un mismo espacio y a pesar del distanciamiento social,  las y los siento cerca,
dándome consejos al oído: “no salgas sin tapabocas”, “lava bien tus manos”,
“desinfecta la suela de los zapatos”, “compra suficiente comida”, “riega más las plantas”.
En cada frase se dibuja un rostro, o varios que habitan lo que soy y me acompañan
para enfrentar mejor estos días, y son ellas y ellos que siempre me han cuidado,
que actualmente me dicen que si seguimos cuidándonos y recordando a quienes
nos enseñaron a cuidar, todo estará bien. 

Me gusta aferrarme a esa idea: todo estará bien.
Aunque a veces me cuesta más trabajo cuando pienso en las desigualdades de nuestra
región, en que el cuidado para algunas es una opción que se disfruta y
para otras es una necesidad, un trabajo mal remunerado, un riesgo cotidiano de muerte,
tal y como se narra aquí:
https://nuso.org/articulo/las-que-cuidan/?utm_source=email&utm_medium=email . 
Y así son las lluvias, para algunas un alivio a la sequía, para otras una inundación.

Frente a la incertidumbre del “Coronavirus”, el cuidado mutuo es un arma poderosa,
así como la colaboración y escucha. Ahora más que nunca las y los tomadores de decisiones
en el mundo, se deben escuchar, compartir experiencias,
ayudar para salvar la mayor cantidad de vidas posibles y sí, nosotras y nosotras también
somos tomadores de decisiones, algunos con más calma, otras con más trabajo.
Pero esta arma poderosa, este invitado cotidiano que significa el cuidado,
no servirá de nada si no se llama a otros invitados muy importantes: la justicia e igualdad.

No sirve de nada cuidarnos ahora, si no se emprenden acciones que modifiquen
nuestra forma de vida por una que cuide de manera constante, acabando con la pobreza,
enfrentando la crisis socioambiental, defendiendo la vida no sólo frente a una epidemia,
sino con cada acción y decisión.  No sirve un paraguas cuando hay tormentas eléctricas.

Al terminar de escribir esto, el primer pájaro que llegó al árbol ya tiene compañía y ahora
muchos pájaros cantan, juntos, protegidos por el árbol, 
recordándome que bajo la lluvia se puede cantar y que quizá situándose en los sitios
adecuados, se puede mirar al horizonte pues hasta la tormenta es una oportunidad.

¿Sabremos aprovecharla?

Las buenas lluvias permiten cosechas si se siembra lo adecuado y se trabaja en
crear tierra fértil.





Nota:
Algunas herencias virtuosas del coronavirus podrían ser:

- trámites más ágiles
- posibilidad de retomar espacios públicos de otra manera
- posibilidad de cambiar el transporte
- necesidad de transformar el trabajo en algo más justo y digno
- valorar aún más la presencia y el cuerpo.

Algunas preguntas en la virtualidad:

¿En la pantalla se nota mi distracción, en la pantalla se nota mi interés?
¿Cómo habitar los espacios virtuales?
¿Cómo hablarte a ti mismo y a una pantalla?

¿Cómo conectar realmente?


Por último un intento de poema.

La educación no se hizo para las pantallas,
en ellas los cuerpos no caben,
se descuartizan.

Las miradas no se hicieron para las cámaras,
pierden su fuerza y se confunde la valentía, la esperanza,
más bien aparecen borrosas e intermitentes
y difícilmente me transmiten confianza.

Los micrófonos no entienden de voces
se escuchan lejos
se escuchan ecos

y la virtualidad no permite tejer lazos
pues seguido se caen las redes,
o el sistema.
Bueno ese nunca ha estado no caído.

No, la educación no se hizo para que alguien silencie las voces,
ni para que al apagar una cámara desaparezca una presencia.

La educación requiere cuerpos,
calor, cercanía, miradas, desobediencias,
cuerpos, abrazos, olores, sudores.
Vida real.

Los dolores son parte de educarnos,

los abrazos también,

sobre todo esos,
que nada nos los quite.




domingo, 15 de marzo de 2020

Primer partido de Pumas femenil en CU o cómo crear remedios contra la pandemia


Desde antes de nacer he asistido a estadios de fútbol, sin embargo, tuvieron que pasar 30 años de mi vida y más de 50 años de la vida del Estadio de CU para que las mujeres pudieran ocupar ese espacio como jugadoras profesionales.
Los años no son nada en comparación con todas las personas, en su mayoría mujeres, pero también hombres, que hemos soñado con este momento, que hemos luchado para que llegara este día, que hemos tocado puertas (no sólo en el fútbol) para ocupar los espacios que también merecemos las mujeres.

El día de ayer, 14 de marzo de 2020, 22,289 personas debutamos en esa cancha como espectadores de la igualdad que se va logrando en el fútbol femenil, pero ¿en serio queremos igualdad?

Yo más bien vi un estadio diferente, fresco, interesante. Considero que con este debut y los que han sucedido en muchas otras canchas a lo largo del país desde hace 3 años, se abrió la posibilidad de que, el fútbol se llenara de otras vibras, otros gritos, otros sueños. Con el pretexto de la igualdad, en realidad se abrió la oportunidad de hacer las cosas diferentes.

Con todos los años que llevo conociendo de cerca lo que pasa en el fútbol profesional, confío en que este nuevo capítulo de fútbol femenil, trate de transformar ciertas cosas del varonil, por ejemplo, gran parte de los directivos han olvidado que los jugadores son personas y no sólo viven de la buena paga, que el fútbol también es político y no sólo entretener masas, que la unión de los diferentes equipos puede traer beneficios colectivos, que en la medida en la que se siga promoviendo la educación de las y los jugadores, los beneficios sociales serán mayores y muchas otras cosas más que debemos seguir reflexionando, criticando, transformando hombres y mujeres.


El día de ayer pude comprobar que el Estadio de CU es enorme, como quienes decidieron que no le gritarían a la persona que traía la playera del rival, o como quienes no ofendieron a ninguna de las porteras o como las hermosas porras-consignas que entonó la recién nacida Barra Feminista.

Felicidades a las jugadoras  de Pumas y a las jugadoras de Cruz Azul que fueron parte de este sueño hecho realidad en la cancha, también felicidades al cuerpo técnico, la Directiva del equipo de la UNAM, las instancias del gobierno de la Ciudad y todas las personas involucradas en este paso importante. El camino aún es largo, pero se siente que se va avanzando a buen rumbo.

El 2020 está siendo un año que recordaremos por la pandemia de coronavirus, pero también uno en el que la otra pandemia del machismo, que se ha llevado a tantas mujeres y que nos llena de dolores y violencias cotidianas, comience a tener algunos remedios.

Conquistar un Estadio como el de CU, no cura la enfermedad, pero ayuda a sentirse mejor.

Ayer, una pequeña niña de 11 años me dijo que ella quería jugar ahí algún día, espero que no la decepcionemos.








viernes, 14 de febrero de 2020

Naces, creces, cumples 30.

Los festejos de cumpleaños son esa tradición rara,
que nunca he entendido bien de dónde viene. 
Sin embargo el cumpleaños siempre lo he vivido de manera especial. 
Ese día amanecí con el amor: en persona, pero también en palabras que
me llegan
como pedacitos que me van configurando.
Llevo 30 años en la Tierra, un tiempo que no sería nada sin cada historia que tiene
diferentes
rostros, sonidos, olores, sensaciones. 
El tiempo es eso, nada, que se vuelve todo por las presencias.
Un cumpleaños es una bomba de presencias, presencias que se dan en deseos, en
recuerdos, en canciones, en sabores, sensaciones que configuran nuestro cuerpo y alma.
Cada presencia es como una gota de resistol con la que siento que mis piezas se
fortalecen. 
El cariño fortalece. La construcción de memorias colectivas, también.
Tengo muchas memorias, como tesoros. 
Tengo personas hermosas que me rodean y tengo ganas de vivir, ojalá bastaran las ganas
en este mundo donde la vida es un privilegio. 

Quiero pensar que también por eso celebramos los cumpleaños,
para recordar nuestros privilegios, fortalecernos en colectivo y
tomar conciencia del paso del
tiempo que no es nada, pero se vuelve todo cuando volteamos a ver a quienes nos rodean,
nos miran de vuelta y en un frenesí nos sentimos vivos.

Gracias por cada persona que se va haciendo presente y le da sentido al tiempo.

Esa noche empecé una década más, con la gigante luna llena de testigo,
un calorcito alegre en todo mi cuerpo y muchas incertidumbres de un nuevo comienzo. 

Hay quien dice que cumplir 30 es llegar a la adultez y seguido me pregunto
¿qué significa la adultez?
Cada día descubro algo nuevo, pero por lo pronto encuentro dos respuestas: ser valientes
frente a la incertidumbre y aceptar que nada llega sin esfuerzos.

Tal vez también hay una más: las piñatas y la buena compañía nos acercan a la felicidad,
sin importar la edad.










Ya no soy niña, aunque me guste jugar y en el fondo sepa que madurar tampoco parece mi principal capacidad.

Extraño el nido, pero también soy feliz de poder volar,
bueno intentarlo,
pues las alas en este sistema son difíciles de desplegar.
Sí quiero crecer si sigo rodeada de plantas que regar y afectos que cuidar.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Parecernos a ellas.

Este viernes 20 de septiembre de 2019, me tocó vivir una serie de actividades inéditas.

"Se ve, se siente, la Tierra esta caliente" y esta inundándose en muchos lugares y hay huracanes cada vez más agresivos y hay muchas personas desplazándose para sobrevivir. Todo esto y tristemente muchas cosas más, están sucediendo debido al cambio climático, que ya no es cambio, es crisis.
Aceptando esta realidad y respondiendo al llamado que hizo Greta Thunberg, ella que desde el año pasado pone su cuerpo para que dejemos atrás toda la destrucción que nos ha llevado a esta grave situación.

Mi día comenzó colocando información en algunas cafeterías de la Universidad Iberoamericana anunciando que ese día no se vendería carne (pues la industria ganadera es de las principales culpables del calentamiento global); poco más tarde, cientos de personas nos reunimos en la explanada central para escuchar el mensaje del rector y el pronunciamiento de estudiantes, quienes además leyeron un pliego petitorio para que la Ibero realice cambios importantes como la desaparición del Pet en las instalaciones, la prohibición de venta de plásticos de un solo uso, el aumento de las rutas de transporte colectivo, la ampliación de la oferta vegetariana y vegana en sus menúes, etc. Estudiantes de diferentes carreras y niños invitados de la Casa Meneses, hicieron escuchar su voz, mientras muchos oídos atentos aplaudíamos, observábamos y comenzábamos a ponernos un listón verde en nuestro brazo como símbolo de apoyo. Terminando este acto, se llevaron a cabo otras actividades como mesas de reflexión sobre la crisis climática y su relación con el consumo, la educación, las extinciones, la pobreza, etc. también hubo una pequeña feria en la que distintas organizaciones presentaron sus proyectos ecológicos e invitaron a estudiantes a participar, se realizó un taller para hacer pancartas para la marcha y un cinedebate en donde discutimos, a partir de la proyección de dos documentales, la relación que tiene la crisis climática con la desigualdad de género y el fenómeno migratorio. Sí, todo esta conectado.
Seguido de estas actividades, un buen número de personas, entre estudiantes, académicos, administrativos, etc. nos dirigimos al Ángel de la Independencia para agruparnos y prepararnos para marchar rumbo al Zócalo, yo llegué con M y con H, quienes amablemente me esperaron para irnos juntas.
Fue una marcha pacífica, divertida, congruente. Se vieron y escucharon consignas de todo tipo, muchas escritas en materiales de reúso, hay quien sabe cómo revivir lo que parece basura. Una de las  consignas que más me gustó hablaba de "cambiar al sistema y no al ecosistema", la otra de hacer la "rebelión contra la extracción".
Fue bonito y duro ver a niños y niñas pequeñas que expresaban su preocupación frente a un planeta que está enfermo por nuestras acciones, "queremos futuro, no hidrocarburos", se escuchaba a coro.
A medio camino una persona repartía agua a quienes trajeran sus termos, bebamos mientras podamos.
Me encontré con conocidas, me alegré al ver personas mayores invitando a reparar, como si reconocieran que en el pasado algo no hicimos bien como especie.

Me emocioné de saberme acompañada de mis compañeras de trabajo y de mi compañero de vida, en este camino soleado, lluvioso, frustrante, pero también esperanzador.

Las transformaciones en la historia se han logrado gracias a las luchas de muchas personas y a la organización colectiva que ese día, me tocó ver desde temprano (incluso semanas antes), ojalá el gobierno, las empresas, las escuelas, e individualmente comprendamos eso y nos comprometamos a transformar nuestras vidas consumistas y basadas en la idea de un progreso económico a costa de la naturaleza.

Sólo con acciones, como dice Greta, vendrá la esperanza y no se trata solamente de dejar el Pet, el popote o las bolsas de plástico, se trata de convencernos de que la Tierra no es un recurso al que hay que explotar, de que urge evitar la quema de combustibles fósiles, de que debemos acercarnos más a las sabidurías indígenas, defender sus territorios invadidos por empresas extractivistas, promover los consumos locales y orgánicos, construir sociedades realmente basadas en la idea de sustentabilidad.

Durante la marcha caminaba frente a mí, F , fue su primera marcha y pudo ir gracias a que M convenció a su mamá de que se cuidarían mutuamente. A su vez, M y yo, pudimos ir porque H nos llevó.

La lucha por una mejor vida en el planeta, para mí, siempre ha tenido rostro de mujer, joven, como ellas, que desde el principio han comprendido lo que es el cuidado mutuo y basan su vida en él.

Ojalá más personas, logremos parecernos a ellas.