viernes, 9 de marzo de 2018

No decidí ser mujer?

El 8 de marzo mi madre y yo llegamos juntas a la marcha a encontrarnos con el contingente violeta sobre Reforma, se enchinó nuestra piel al escuchar las primeras consignas : ¡Mujer, hermana, si pega no te ama! seguido comenzaron unos aullidos a resonar en nuestros oídos, aullamos también, las vibraciones de nuestra voz se sentían diferentes. 
La siguiente consigna fue ¡Verga violadora, a la licuadora! no pude evitar que me diera un poco de risa, sobre todo porque era la primera vez que escuchaba esas palabras "altisonantes" con mi madre a lado, nos miramos y gritamos igual, desde adentro, con coraje sólo de imaginar a las mujeres que han sido violadas. De pronto mi madre dijo ¡sí! ¡con cuchillo eléctrico hay que cortársela a los cabrones! nos reímos, pero la risa no quita lo indignadas. 

 





Seguíamos avanzando, miramos niños en carriolas con letreros hechos por ellos que pedían calles seguras para caminar con sus mamitas, vimos señoras levantando escobas de brujas, mujeres jóvenes sin playera y con poesía escrita en sus cuerpos, hombres con sus hijas saltando al grito de ¡el que no brinque es macho! o ¡Con falda o pantalón respétame cabrón! Aunque era una marcha de mujeres, también los hombres estuvieron y están presentes pues es más que obvio que el feminismo y la de-construcción nos toca a todos y todas. (Aquí una buena reflexión al respecto)

En las banquetas había personas curiosas, otras indiferentes mirando desde sus comercios cerrados a los que gritamos: ¡Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente! También vimos mujeres vendiendo, pidiendo dinero en las calles o bendiciéndonos por el perdón de nuestros pecados; con más razón gritábamos fuerte ¡abortar, abortar el sistema patriarcal! seguido de la ¡Alerta feminista por Ámerica Latina! y el ¡Noooo, te dije que no...pendejo no...mi cuerpo es mío, yo decido, tengo autonomía, yo soy mía..! 

Éramos muchas levantando nuestras pancartas con peticiones, con reflexiones, con vulvas, con imágenes de desaparecidas, con cifras de asesinadas. 
Llegamos a la plancha del zócalo al grito de ¡ni una más, ni una más, ni una asesinada más! se me volvió a enchinar la piel sólo de tomar conciencia de que de alguna forma las que pudimos marchar, somos las que seguimos vivas, abracé a mi madre pensando que ojalá eso no fuera una victoria y ojalá eso no me diera algo de miedo, pero el miedo se hizo menor al sentirme acompañada, por mi madre, por conocidas que nos encontramos y por desconocidas con las que nuestras voces se hacían más fuertes y de alguna manera nuestros corazones también.
Varias cosas pasan por mi sentipensar:
No decidí ser mujer.
Pero he podido decidir por ejemplo: jugar fútbol, manejar un auto, votar, con qué pareja estar o qué carrera estudiar.
También he podido usar pantalones, condones y conocer sobre mi sexualidad.
No decidí ser mujer y temer ser violada o matada, víctima de trata o maltratada.
No decidí ser mujer, pero me siento contenta de lo que soy y sé que mucho de eso, ha sido consecuencia de muchas otras mujeres que decidieron antes que yo luchar por una vida mejor para nosotras y que lo siguen haciendo; mujeres migrantes, mujeres indígenas, mujeres prostitutas, mujeres trabajadoras, mujeres de todas las clases sociales.
Por ellas estoy agradecida y convencida de que nos toca seguir luchando, pues desafortunadamente no vamos ni a la mitad del camino para conseguir que se respete nuestra vida sin violencia y con dignidad (aquí un espeluznante análisis)
 ¿Cómo luchar? no tengo una sola respuesta, pero ayer en la marcha y cada día rodeada de mujeres inteligentes, fuertes y valientes en mi vida, confirmé que sólo podremos hacerlo juntas.




lunes, 15 de enero de 2018

¿Cuál es tu estructura espiritual ?


Escuchar con esta canción de fondo Analyse- The Cranberries

¿Cómo construimos nuestra vida espiritual? Hace un tiempo no tenía muy claro siquiera a que se referían cuando hablaban del espíritu... a veces lo sentía tan intangible, tan lejano, sin embargo debo aceptar que durante el año pasado comprendí un poco más de qué se trata.
(Para ponerlo metafóricamente, creo que tiene que ver con las estructuras que detienen a nuestro edificio interno y que se muestran en ciertas acciones que elegimos.) 

Con diferentes acontecimientos, he ido reflexionando a cerca de la importancia de que como seres humanos, nos conectemos (y construyamos esas estructuras) tomando en cuenta no sólo lo vivo y visible o tangible, sino las energías, emociones, cuestiones inexplicables y que van más allá de nuestro entendimiento meramente racional.
Cada persona tiene sus maneras de explicarse el mundo y en muchos casos para eso se inventaron las religiones , las cuales sin duda dan muchas estructuras tanto sociales como políticas y tienen formas muy claras de concebir lo que somos y lo que nos rodea, sin embargo yo aún no logro identificarme por completo con una sola religión y sus rituales, prohibiciones, culpas, teorías y maneras de relacionarse y de distribuir roles; quizá sea por eso que sienta que mi vida espiritual no deja de construirse (ni quiero que deje de hacerlo) pues el hecho de poder elegir constantemente mis propias maneras de conectarme con lo que me rodea y con quienes forman parte de mi vida: es algo emocionante. 

Mientras hago un recuento de algunas cosas que me sucedieron en el 2017, tales como salirme de casa de mis papás, dar pasos importantes con mi pareja, enfrentar nuevas responsabilidades profesionales, vivir un terremoto y un accidente, convivir con más frecuencia con mi soledad, conocerme más viajando, entre otras cosas, me doy cuenta de que construir una vida espiritual, consiste en enfrentarnos constantemente con nosotros mismos y hacernos varias preguntas sobre cómo queremos vivir, qué pensamientos queremos que sean los recurrentes, qué compañías vamos a llamar, cómo cuidaremos de nuestros cuerpos, qué  rituales y tradiciones queremos repetir para buscar las conexiones con aquello que nos causa paz y/o curiosidad y sobretodo, en dónde y para qué utilizaremos nuestra energía de vida (nuestro Eros, como lo mencionamos en el proyecto de Lectura de la Realidad en el aula), todo esto, puede ir construyendo nuestras creencias y verdades. En pocas palabras, considero que construir nuestros espíritus tiene que ver con cuestionarse y posicionarse, algo nada sencillo en la actualidad, pero urgente. Nada sencillo pues implica alejarse de tantas distracciones que nos rodean como la televisión (netflix y esas cosas) las redes sociales que ponen tanto énfasis en la imagen y apariencia, la publicidad que nos quiere decir cómo ser, entre otras cosas que más que permitirnos preguntarle a la vida, nos dan respuestas, externas, falsas...

Cada pregunta que nos hagamos a cerca de la vida, su belleza, sus dolores, sus coincidencias, su trascendencia, su significado y lo que sea que nos inquiete, se puede ir respondiendo conforme nos atrevamos a darnos tiempo para encontrar nuestras propias respuestas, tal vez analizando nuestras historias familiares y personales, o quizá conforme nos identifiquemos en colectivo; algunas veces también nos pueden llegar respuestas al enfrentar miedos, experimentar amores o soltarnos de lo que conocemos y/o de lo que se nos ha impuesto como Verdad.
Por lo poco que he aprendido, todo esto no sucede en poco tiempo ni de manera definitiva, y mucho menos sucede de manera automática; en el mejor de los casos, sucede con calma, a veces la propia vida nos obliga a agarrarnos de alguna creencia (o utilizando mi metáfora, elegir esa creencia como ladrillo para nuestra construcción) , pero esa misma certeza, un momento después se desmorona, en ocasiones sustituyéndose con nuevas ideas o sensaciones.

La construcción de nuestros espíritus pienso que debe ser siempre un proceso inacabado, aunque debo decir que si logramos dejar algunas cosas claras y explicárnoslas a nosotros/as mismas, es decir, si logramos posicionarnos ante lo que la vida nos pone y poco a poco ir construyendo nuestras estructuras espirituales cada vez más cerca de quienes queremos ser,  será más sencillo enfrentarnos a la incertidumbre de la vida cotidiana, siempre tomando en cuenta que es importante mantenernos receptivas, atentas y abiertas a nuevas construcciones, pues así cuando la vida nos sacuda, podremos ser capaces de construir nuevos cimientos.

El espíritu es un terreno fértil y a veces escurridizo, sin embargo he aprendido que también es menos intangible de lo que pensaba, pues de repente lo puedo ver y sentir lleno, a veces al dar un abrazo a alguien que quiero, encender una vela por alguien que ya no está, mirar a una niña sonriendo o darme un tiempo para agradecer lo que tengo y soy, así es como me doy cuenta de que mi construcción ya tiene algunos ladrillos fijos que quizá algunas religiones también prediquen y que tienen que ver con la empatía, la gratitud, el amor, la memoria... espero seguir descubriendo y moldeando otros más, por lo pronto también los espíritus pueden llenarse, por ejemplo, con canciones, recuerdos, con besos o al cultivar algo que plantaste ¿Con qué más?



jueves, 16 de noviembre de 2017

Crónica de una vida anunciada



Ayer al bañarme, encontré algunos cristales en mis orejas, delicados, como la vida.
Llevaban habitando esa cavidad de mi cuerpo, poco más de 24 horas, tiempo que había transcurrido desde el choque, en el que el auto en el que íbamos, yo y el señor Ramon, chofer del Yaxi, fue impactado por otro, que según versiones de algunos testigos, se pasó un alto y venía conduciendo en estado de ebriedad. Al ver los cristales, regresaron a mí las imágenes que ya llevaban un buen rato dando vueltas en mi cabeza. Recordé el momento del impacto, en el que grité fuertemente cerrando mis ojos, sentí que todo se movía y por instantes me pareció estar dentro de un mar ahogándome, de pronto, se hizo el silencio, abrí mis ojos y noté que estábamos de cabeza, sentí un alivio al poder mover todas las partes de mi cuerpo, intenté arrastrarme hacia afuera, no pude hasta que me desabroché el cinturón de seguridad, salí a gatas por la ventana rota, escupiendo cristales y por momentos  creyendo que estaba dentro de una pesadilla.

Ya afuera, noté que un taxista y su pasaje hablaban por teléfono, nos encontrábamos en la esquina de Gabriel Mancera y División del Norte; no tardaron en llegar las patrullas, pero mientras eso sucedía, algunas personas ya bajaban de sus casas ofreciendo ayuda, Ramon seguía dentro del auto, podía escucharlo diciendo que estaba atorado con el cinturón, le comenté eso a un vecino que se acercó y rápidamente fue a su casa por un cuchillo; las muestras de solidaridad no sé por qué me hicieron sentir que no estaba soñando.
La ambulancia llegó, eran bomberos, muy amables y profesionales, nos atendieron rápidamente, mientras los policías metían al conductor que nos chocó (que intentaba huir borracho) a la patrulla; los de la ambulancia me prestaron su teléfono para avisar a mis padres de lo sucedido, pues el mío estaba dentro de mi mochila, atorada entre el asiento del auto y el suelo.
Francisco fue el que me atendió directamente a mí, escuchando mis angustias- "Iba rumbo al aeropuerto, le decía" "pero creo que ya no llegué"- me miró con una sonrisa y me dijo- no te preocupes, ese viaje no era para ti, lo importante es que ahora estés bien. - Es curiosa la vida le conté, ayer la compañera que debía acompañarme a ese viaje, también sufrió un choque. Hay cosas difíciles de explicar.
Ramón y yo esperamos un rato en la ambulancia, en lo que movían el coche para poder sacar nuestras cosas, hubo un momento de confusión en el que se decidió que yo que tenía seguro, sería trasladada a un hospital privado; con Ramón, en ese momento no supe exactamente qué paso, se bajó de la ambulancia, dijo algo de que debía llamar a shu seguro del auto, me quedé algo preocupada, los bomberos me dijeron que era muy probable que se lo llevaran a un hospital público y en calidad de detenido. A mi me llevaron al hospital que les mencioné que podía ser cubierto por mi seguro del trabajo, después me enteré que me debí haber esperado a que llegaran los otros seguros para que decidieran a que hospital trasladarme, sin embargo en ese momento, al no saber la gravedad de mis daños, los bomberos decidieron trasladarme de inmediato a donde les dije.
Ya en el hospital, me atendieron, por un momento estuve cerca de perder el conocimiento, pero no pasó de unos instantes de hablar chueco con mi novio y al ponerme el suero y el analgésico todo mejoró, pero sobretodo, mi alivio fue al ver llegar a mi mamá y mi papá, con quienes, cual niña pequeña me solté a llorar; no cabe duda que los apapachos y un buen llanto son de las mejores medicinas.
De ahí en adelante, he estado en recuperación, recordando los hechos, enfrentándolos al tener que ir al ministerio público saliendo del hospital e incluso encontrándome con el auto en resguardo afuera de la delegación; eso me impactó bastante, quedó hecho chicharrón, sobretodo del lado donde yo iba sentada y milagrosamente, yo sólo tengo un ojo morado y algunos moretones y dolores en el cuerpo y el chofer Ramón, al parecer un brazo lastimado.

Siguen las averiguaciones para encontrar al culpable del "accidente" , yo soy de la opinión de que más que accidente fue una imprudencia de alguien que decidió manejar tomado, pero bueno, esperemos se haga justicia.

Por lo pronto, me siento muy afortunada y agradecida con tantas muestras de solidaridad y cariño, que confirman que formo parte de una comunidad que me recuerda que en el ser humano hay muchas cosas dignas de admiración y que la fragilidad de la vida (que después de esto tengo aún más presente), se puede fortalecer con los ánimos de quienes nos rodean.

Después de lo vivido, sólo me queda quitarme los cristales de los oídos, mírame al espejo sonriendo, sobar mis moretones y reconocer que he crecido y que cada día tengo más ganas de gritar ¡estoy viva!





jueves, 19 de octubre de 2017

Sobre sacudidas y solidaridad

Ya un mes desde el terremoto del 19S, como le comenzamos a decir en la era de las abreviaciones, un mes que ha sido tiempo (no suficiente, pero ni modo) para que me caigan varios "veintes". Aunque sigo con muchas preguntas, algunas más tontas que otras, pero por ejemplo ¿qué ha pasado con todos los alimentos, muebles, recuerdos que se quedaron en los edificios en peligro de derrumbarse a los que nadie ha entrado? ¿cómo se recupera la sensación de hogar de quienes ya lo perdieron? ¿cuánto tiempo pasará hasta que los damnificados obtengan lo que merecen? ¿cuánto tiempo pasará hasta el siguiente desastre natural? ¿qué otros movimientos (como los registrados en Coyoacán y Tlalpan) se vendrán? En fin.... escribiré un poco de otras cosas que he estado pensando a ver si alguien se identifica de casualidad...

Debo aceptar que al momento en el que la tierra se movió, primero no creí que era verdad, como diría mi amiga Gaby, pareció una mala broma de la Tierra elegir el mismo día que el terremoto del 85, pero después me emocioné como pensando que estaba viviendo algo histórico, aunque claro que también me asusté (y comencé a respirar como embarazada en parto) sobre todo por los gritos de algunas personas del edificio en el que me encontraba (un 4° nivel en la del Valle) Hubo quien gritó, también hubo quién se quedó en estado de "shock", algunas personas no siguieron ni cerquita el protocolo y además corrieron y empujaron, porque como dice mi amiga Silvia, en momentos de peligro los animales tienen tres opciones: inmovilizarse, huir o defenderse, pero ¿cómo defendernos ante la naturaleza? Pues creo que México lo tiene muy claro, uniéndose en acciones solidarias y creo que estamos entrenados, porque nos hemos tenido que defender seguido contra nuestros propios gobiernos y lo vamos a tener que seguir haciendo; pues si bien es un alivio no haber nacido en un país con guerras (si no contamos la del narco), lo cierto es que vivir en un país con sismos, inundaciones, crímenes, tanta desigualdad y corrupción, nos invita a que intentemos sacar nuestras mejores armas cada día ¿cuáles son esas? Pues no lo tengo taaaan claro, pero admito que ver tantas casas con las puertas abiertas para las y los damnificados, familias enteras mudándose a sitios de sus conocidos, miles de cabezas con cascos y chalecos dispuestas a escarbar, cientos de autos llenos de acopio, desconocidos haciéndose amigos en las cadenas, indiferentes levantando brazos para guardar silencio y esperanza... me hace pensar que tenemos más armas positivas de lo que creemos y de lo que decimos, porque bueno, seguirán saliendo muchas anécdotas en cada conversación (porqué sí!, debemos aceptar que el terremoto será tema de por lo menos los siguientes ¿30 años?) y qué bueno, para eso sirve el movimiento desde mi punto de vista y no volveremos a ser los mismos ni las mismas y quizá pasen meses hasta que baje el dolor de quienes perdieron a alguien. 
También pasará tiempo hasta que volvamos a bañarnos con tranquilidad sin pensar en lo "gacho" que sería que nos agarrara en ese instante con nuestro cuerpo todo enjabonado.... o años hasta que se haga ley que los 19 de septiembre sean vacaciones obligatorias y debamos salir con casco a la calle o algo así...
En fin que ya comienzo poco a poco a tomar esto de manera menos negativa y más propositiva, pues creo que de eso se trata, el terremoto nos ayuda a conocernos a nosotrxs mismxs, a que se muevan energías para la reconstrucción, para la supervisión de lo que se hace con nuestros recursos y para pensar opciones que disminuyan las desgracias en nuestro territorio (¿o mejor nos vamos a vivir a otro lado? jeje) admito que a veces ganas no me faltan, pero también admito que este país me causa muchas curiosidades, inspiraciones, placeres y orgullo (aunque también a veces lo odio)  
Sin embargo cada que me subo al pesero y el que se sube desde atrás pasa su moneda de mano en mano para pagar y nadie sale de "gandalla" y hasta le regresan su cambio, recuerdo que la solidaridad anda suelta en este país y bastan algunas sacudidas para tomarla y no dejarla escapar.

martes, 25 de julio de 2017

De balones y derechos en el fútbol femenil

Hace poco que comenzaron a armarse los equipos de fútbol "femenil" y este fin de semana comenzará la Liga MX , un acontecimiento de gran importancia para el deporte de nuestro país y que es resultado de muchos años de luchas en diferentes trincheras para que se abrieran espacios para las mujeres que también quieren y pueden dominar el balón.

Si bien es cierto que ha sido un logro que los diferentes equipos de primera división se comprometieran para que mujeres de diferentes edades puedan acceder a instalaciones, uniformes, entrenadores, torneos y todo lo que implica de manera más o menos profesional; lo cierto es que aún no se está ni a la mitad del camino.

Este nuevo proyecto, pone a las mujeres en el terreno de juego, sin embargo con reglas y condiciones muy diferentes a las que tienen los hombres. Empezando por la nula existencia de derechos laborales en la mayoría de los clubes, algunas amenazas que quieren regular el comportamiento de las mujeres, para que eviten embarazos o sean "muy masculinas" .(http://www.jornada.unam.mx/2017/07/24/opinion/a04o1dep)

En fin que al parecer se abren espacios para que mujeres puedan jugar fútbol sobre todo porque así tal vez también se abre un nuevo mercado, con todo lo que implica una liga que tiene exclusividad en ciertas televisoras, patrocinadores, estadios para vender productos y una lejana esperanza de la equidad de género.

Tengo sentimientos encontrados, por un lado me hace mucha ilusión formar parte de esa generación de mujeres que hace más de 10 años soñaron con que esto sucediera y por otro me da mucha frustración e impotencia comparar, por ejemplo lo que en promedio ganan los hombres jugando fútbol, que al menos es 50 veces más de lo que estarán ganando las mujeres.

Jugadoras y entrenadoras: esto apenas empieza y más allá de la rivalidad que comenzará por portar la camiseta de cada uno de los clubes, lo que se necesita es que TODAS se unan para exigir sueldos dignos, respeto a su identidad y todos sus derechos garantizados.
Los hombres no han logrado crear, por ejemplo,  un sindicato que vea por sus intereses, pero ojalá las mujeres encuentren el mejor camino y sigan demostrando que unidas y luchando, las victorias vendrán dentro y fuera de las canchas para obtener lo que merecen.
No se trata de que los hombres en el poder dentro del fútbol decidan darles más o menos, sino que se construyan estructuras en las cuales ustedes mismas puedan decidir acerca de todos los ámbitos que las incluyan, aprovechen y sigan llevando el balón a su (nuestra) cancha.



martes, 30 de mayo de 2017

28 de Mayo, Día Internacional del Juego

Hace unos cuantos añitos escribí mi tesis con el título: Ludoteca, espacio de educación y resistencia en un mundo neoliberal, este domingo pude seguir confirmando mucho de lo que ahí apunté.

Jugar, como esa actividad que nos pone en el presente, nos hace sentir nuestros cuerpos, conectarnos con otras personas, conocer más sobre nuestras capacidades y limitaciones; jugar como esa acción que se puede hacer casi en cualquier lugar; cada vez sucede menos, sobre todo en los espacios públicos.
Sin embargo, este domingo 28 de mayo, pudimos celebrar  al juego y con ello aprovechar los encuentros, hubo familias enteras que se dejaron llevar sin preocuparse por pagar cuentas, hubo infancias que conocieron por primera vez al yoyo, al balero, a los palillos chinos, a las canicas y otras maravillas que los desconectaron por algunas horas de celulares, televisiones o videojuegos, también hubo ilusión en varias personas que por primera vez pudieron tocar y experimentar con juguetes que de otra manera sería difícil que puedan adquirir. Hubo cuenta cuentos que nos recordaron la relación entre jugar, leer, imaginar.

La ludoteca al alcance de todos y todas es un orgullo de la Fundación México Juega pues significa organizarnos entre personas (voluntarios y voluntarias) que, con su fuerza de voluntad y con un pedacito de su tiempo, hacen posible la construcción de espacios seguros, divertidos, educativos, libres.

Gracias a cada ser que hizo posible esta celebración, gracias a quienes jugaron.

Esperemos con ánimos el siguiente momento en el que podamos volver a juntarnos para jugar, para reír, para imaginar y para recordar que jugar  es vivir.

viernes, 31 de marzo de 2017

Serie : lujos de la izquierda exquisita o de cómo hacerse adulto en la del Valle



¿Cuántos arroces se debe poner en el salero para que no se humedezca la sal? ¿cuántas veces se puede usar una toalla (o la ropa) antes de lavarse? (lo más posible) ¿las ollas con comida sobrante se pueden meter al refrigerador? (a falta de tuppers) ¿qué tan peligroso es comer cosas algo "pasadas"?( a veces no hay otra opción en el refri jiji) ¿hace mucho daño tomar agua de la llave?
Estas y otras preguntas me han venido a la mente desde que dejé de vivir con mi papá y mi mamá, así como reflexiones tales como que los vasos rojos “de la peda” pueden ser tuppers, los periódicos pueden ser manteles y las cucarachas son de muchos tamaños, prender un calentador por primera vez trae pensamientos relacionados con el apocalipsis y elegir detergente es más fácil si le preguntas a los vendedores cómo lavan su ropa, los frascos de mole vacíos pueden ser vasos y las sobras, manjares. Los saleros, exprimidores y ralladores son lujos y en la escuela nos debieron enseñar a abrir botellas sin destapa corchos. Los cartones pueden ser repisas y los botes vacíos: macetas, además la primera comida que preparas (y sabe rico y es suficiente) puede ser un éxito hermoso y un sinónimo de independencia es lavar y lavar trastes y ropa y sacar y sacar basura y gastar y gastar dinero sin saber exactamente en qué (qué caro es comer decentemente).

¿Por qué salirse de casa de papá y mamá?
Esa es otra de las preguntas que me hago y aunque en mi caso tuvo que ver sobre todo con las ganas de vivir esta experiencia con mi prima, así como con el hartazgo de realizar largos traslados a mi trabajo, lo cierto es que es algo que le recomiendo a cualquier joven que tenga la posibilidad.
La "independización" ha significado poder conocer mejor qué tan tolerante soy al desorden, qué tan bien o mal puedo organizar mis tiempos para lograr hacer todas las actividades que anteriormente "me hacían" sin darme cuenta, tales como tener agua potable, ropa limpia, comida suficiente, limpieza, botes de basura no tan llenos, plantas que no se mueran, las cuentas de agua, luz, gas, mantenimiento e internet pagadas, artículos de higiene corporal y doméstica, la cama no tan enrollada por no "tenderse" y todos esos pequeños detalles que de manera cotidiana se van presentando, incluso el detalle de tener espacios dentro de la casa que sean agradables a la vista.
Todos estos aspectos me han hecho reflexionar acerca de lo que significa hacerse "adulto" y aunque todavía no lo tengo muy claro, me gusta pensar que tiene que ver con poder caminar a la hora que quieras en las calles o parques y sentirte segura, poder alimentarte de manera basta y nutritiva (aunque a veces sea muy caro), tener un hogar en el que te sientas segura y libre, tener responsabilidades pero que se complementen con libertades y placeres, poder tomar decisiones sobre tu cuerpo, tus descansos, tus espacios, tus compañías, tus tiempos, tus recursos y con ello sentir que tienes tu vida en tus manos.
Con todo esto, he llegado a la conclusión de que en países como el nuestro, ser adulto es un privilegio de quienes podemos vivir en colonias como la del Valle, que en general tiene todos los servicios (aunque hay partes ya con problemas de agua), es bastante segura, iluminada, arbolada, con banquetas decentes y transportes variados, sin embargo debería ser algo que cualquiera pudiera experimentar y no sólo quienes pertenecemos a cierta clase social; en conclusión ser adultos es cuestión de derechos que se respeten y de que sigamos buscando, exigiendo y construyendo sociedades más justas, no tengo muy claro cómo pero reconozco que un primer paso puede ser identificar aquellas cosas y formas de vida que deberían pertenecer a todxs.