sábado, 13 de marzo de 2021

Consejo de niños y niñas

Francesco Tonucci lleva décadas abogando por la participación de niños y niñas en la construcción de ciudades más juguetonas, donde puedan moverse con autonomía y en donde su participación sea importante, tomada en cuenta y promovida.
Muchas ciudades ya han respondido a este llamado, una de ellas es la Ciudad de México, específicamente la Alcaldía de Tlalpan, quien este sábado 13 de febrero tuvo su primera reunión del Consejo de Niños y Niñas de Tlalpan, por el momento es de manera virtual , pero de cualquier manera se hicieron presente los juegos, las voces, las risas y por supuesto, los consejos que ellos y ellas expresaron para mejorar sus comunidades.
¿Si pudieras borrar algo, qué sería? Esa fue una de las preguntas que se hizo, y rápidamente llegaron las respuestas:

- la pandemia
- la tarea
- los delincuentes
- los borrachos
- la basura y contaminación
- las enfermedades
- los que matan a la gente
- el maltrato a los animales...

y así, muchas voces resonaron con inteligencia, sensibilidad y todas esas capacidades que hacen a las infancias, unas de las personas con mayores capacidades para transformar nuestros entornos por unos más justos, divertidos y dignos.

Este proyecto que impulsa Fundación México Juega de la mano con la Alcaldía de Tlalpan, lleva haciéndose varias preguntas: 
¿cómo hacer realidad la Convención de los derechos de niñas, niños y adolescentes?
¿a qué peligros se enfrentan las infancias?
¿cómo garantizar la participación diversa?
¿cómo educar para la escucha?
¿cómo educar contra el miedo?
¿cómo hacer alcaldías, ciudades, mundos dignos para las infancias?
¿cómo propiciar condiciones donde NNA se sientan libres y seguros?

Las respuestas a estas preguntas no se construyen de un  momento a otro, sin embargo creemos que escuchando a niños y niñas de diversas edades, tendremos muchas propuestas que poco a poco incidan en la política pública.

Gracias a quienes hacen posible esta iniciativa y en especial gracias a las infancias que con valentía quieren hacer escuchar sus voces, el camino no es sencillo y apenas comienza, pero es importante y urgente.





sábado, 20 de febrero de 2021

para Andrea del futuro (y recordatorio presente)

 A veces siento que escribo para Andrea del futuro, quien regresará a sus escritos en unos años y se preguntará cómo era su vida antes. 

Me emociona que la escritura nos permita ese viaje en el tiempo, aunque sólo sea hacia el pasado y aún no encontremos la manera de que el futuro nos hable en el presente más que en ciertas intuiciones o deseos que podemos proyectar, también con ciertos datos o estudios que pueden acercarnos un poco a lo que sucederá, por ejemplo en términos de cambio climático, escasez de agua y esas cosas que me dan terror cuando escucho los pronósticos y que me hacen pensar que preferiría que no seamos buenos prediciendo futuros. Sin embargo en ciertas cosas, sí lo somos y es por eso que nos queda actuar ahora de la mejor manera posible, con la confianza de que si lo hacemos bien ahora, en un futuro lo agradeceremos.

Eso y otras cosas han pasado por mi cabeza en estas fechas de mi cumpleaños, tanto por la importancia que le he dado a los ciclos, como porque justo cayó en un momento en el que en México se están poniendo las primeras vacunas a la población para prevenir el COVID-19 y me hace pensar que eso es una gran prueba de que las personas, por lo general nos aferramos a la esperanza de las acciones presentes con miras al futuro, aún sin tener certezas. Y eso justamente me pasa al escribir, tengo esperanza de que con el paso del tiempo, me sirva como ese hilo que entreteje las diferentes Andreas y he pensado que cada nuevo ciclo de mi existencia, le sale un nuevo nudo al hilo, uno que recoge recuerdos, personas, emociones, miedos, proyectos que sucedieron durante el periodo correspondiente. 

Y este periodo en el que cumplí 31 años, sin duda es uno especial pues sucedió en pandemia, tuve oportunidad de pasar mi día con mi hermano (con el que hace como 9 años que no podía hacerlo) y confirmé que el "distanciamiento social" sólo es físico, pues las presencias de personas queridas, incluso de mi esposo desde Berlín, se hicieron posibles y me permitieron tomar más confianza de los medios "electrónicos" como vías reales para conectarnos y querernos. 

Si bien ya estaba agradecida por la tecnología y el internet sin los cuales no habría podido entablar una relación con mi pareja actual ni seguir en contacto con amistades y familiares alrededor del mundo; todo este tiempo he revalorado estos avances que hacen un poco menos difícil el "aislamiento" y que me harán menos difícil el momento en el cual me toque vivir en otro país que posiblemente sea pronto.

Un mensaje en especial que le quiero mandar a la Andrea del futuro sobre este tiempo raro, es que la crisis mundial por la pandemia, más allá de los problemas, muertes y agudización de muchas desigualdades, en lo personal me ha permitido llevar a cabo proyectos personales que había dejado pendientes (y estoy consciente de que estas reflexiones surgen de una posición muy privilegiada), algunos de esos proyectos son: 

-Estudiar una especialidad en línea (sobre Políticas del cuidado con Perspectiva de Género)
-Dedicarle más tiempo a mis plantas
-Hacer más ejercicio físico y espiritual
-Cocinar más platillos veganos
-Involucrarme en actividades educativas a través del juego
-Promover un poco más la copa menstrual
-Conectar con personas a pesar de la distancia
-Dedicarle tiempo a mi casa
-Aprender más sobre tecnología
-Vivir sin horarios tan estrictos
-Despertarme muchos días sin despertadores
-Tomar con calma un té
- y un gran etcétera que cada día agradezco como seguir con vida como la mayoría de mis personas cercanas.

Y una cosa que me emociona y pone "nerviuda" , pero contenta es que pronto , si todo sale bien, se hará realidad mi sueño de dar clases en la UNAM.

Entonces, Andrea del futuro, este es un mensaje que quiere dejar claro que aún en las épocas oscuras, difíciles y a pesar de todo lo oscuro que parece el panorama por muerte, violencias, injusticias, desigualdades y las tormentas que vivimos, siempre, siempre, hay muchas cosas más a las que prestar atención en la vida cotidiana y que nos recuerdan la importancia de seguir luchando por un mundo más bonito.



viernes, 20 de noviembre de 2020

Convención de derechos de la niñez y mis nuevos trabajos

Cuando decidí estudiar Pedagogía, lo hice con más dudas que certezas, pues es una locura que con tan poquita experiencia en el mundo ya quieran que elijas la "carrera" que será condicionante para muchas experiencias que vayas a tener en la vida. 
Sin embargo si de algo estaba segura (por lo que me platicaron algunas personas que estudiaron eso) era de que si me volvía pedagoga, con lo amplio que es el campo educativo, podría vivir una gran diversidad de momentos enriquecedores y si me iba bien, podría ser con personas de todas las edades y condiciones. 
A varios años de haber salido de la universidad, no me equivoqué.

Quienes me conocen ya saben que formo parte de una Fundación que promueve el derecho al juego y fomenta las ludotecas y la educación no formal divertida y lúdica. 

Esta Fundación (http://mexicojuega.org.mx/home/), existe en gran parte por el apoyo de la Consultoría Jugar es Crecer (http://jugarescrecer.com/home/), en la cual colaboro actualmente y he colaborado indirectamente desde que tenía 6 años y mi madre decidió abrir una ludoteca; recuerdo ir en el auto con ella y tener una conversación en la que me contó que abriría un lugar en el que podría jugar y que al mismo tiempo sería su trabajo. Me comentó que estaba en búsqueda del nombre: que si me parecía bien que su Ludoteca se llamara "Jugar es Crecer", yo, a mi corta edad, le dije que sonaba bien, aunque en ese momento no tuviera mucha conciencia de por qué relacionaba jugar con crecer y tampoco sabía bien qué eran las ludotecas. Esa Ludoteca marcó gran parte de lo que soy y ha pasado por muchas transiciones; actualmente, Jugar es Crecer es una consultoría y hace más de 10 años parió a México Juega, a quien apoya de diversas maneras, entre otras, con la ludoteca de Préstamo a domicilio que se encuentra en sus instalaciones.

Cuento todo esto porque me gusta pensar (y muchas teorías sociales y psicológicas lo confirman) que las elecciones que hacemos no son azarosas, sino que tienen sus raíces en lo que aprendemos desde pequeñas, con la familia, los ejemplos que nos rodean, el medio en el que nos desarrollamos, etc. y hacernos adultas tiene que ver con tomar conciencia de dónde venimos y acomodarlo para que nos permita llegar a donde vamos. Y yo, en mi disque vida adulta, cada vez tomo más conciencia de lo que esa ludoteca influyó en mi manera de actuar y de ver el mundo. 

Sí crecí jugando y como pedagoga me pregunto cada día cómo defender el crecimiento sano, divertido y respetuoso con todo lo que nos rodea. Sobre todo recientemente, en donde me he incorporado, como un segundo trabajo, a ser educadora de niños y niñas de "preescolar".

Debo decir que por momentos dudé si sería lo mío eso de ser "miss" pues aún recuerdo a varias docentes de mi carrera que menospreciaban el trabajo con niños y niñas y que quizá se decepcionarían si supieran que me dedico a cuidar-educar- proteger a la infancia, sin embargo ha sido de los trabajos más difíciles, pero también más enriquecedores que he tenido.

Me siento con un gran compromiso sólo de pensar el impacto que se puede tener en esas personitas tan amorosas, curiosas, mágicas, etc. y cada día me lleno de preguntas que ya compartiré en otra ocasión.

Por el momento sólo decir que el día de hoy se cumplen 31 años de la Convención de los derechos de la niñez y que cada vez más, voy tomando conciencia en la importancia que tiene la pedagogía para defender no sólo el derecho a la educación, sino todos los demás; además de que parte de nuestro compromiso debería ser promover una cultura que respete los derechos humanos y les dé la importancia que merecen las diferentes infancias.

Escribo esto desde Jugar es Crecer / México Juega (llena de juegos, recuerdos de mi infancia, sueños, colores)



 contenta por los caminos a los que me ha llevado la carrera que elegí que, como dije al principio, ha sido condicionante, pero aún más condicionantes, fueron los derechos a los que tuve acceso.

Hoy, cada vez me queda más claro que mientras sigamos defendiendo lo que dice la Convención, muchas más personas pueden llegar a mi edad agradeciendo y sintiéndose satisfechas por las decisiones que tomaron, pues los derechos son de las mejores armas para construir una vida que sea digna de celebrar.





martes, 18 de agosto de 2020

La no Luna de miel

 Estamos en épocas raras, aunque como compartí en la entrada anterior, en lo personal han sido momentos de agradecer mucho mis privilegios.

Este fin de semana tuve un privilegio más, conocer una parte de mi país a la que no había ido nunca; al poder viajar en coche en medio de la pandemia para encontrarme con mi hermano, su esposa, su perro y gato, que viven desde hace unos meses en Tampico.

El viaje se pasó rápido, fueron 6 horas de paisajes con árboles gigantes, nubes esponjosas, ríos, lagos, puentes, acompañadas de música, "chuchulucos" para la carretera, canelones y empanadas de mi abuela de encargo para la felicidad de Diego, anécdotas y mucha ilusión de poder reencontrarnos con parte de la familia que no veíamos ya desde hace más de 4 meses.

Al llegar nos recibieron con un platillo típico de allá, la "Jaiba a la Frank" (tacos de jaiba con un sazón delicioso en tortillas de queso, muy buena la de "El Flaco") , también nos recibieron con un calor playero intenso y una bella sorpresa para los recién casados; pues al ser nuestro primer viaje de "marido y mujer", se puede considerar una "luna de miel". (aunque yo le agregué el No para tener más de una)

Durante los 3 días que estuvimos allá, nos pusimos al día, conocimos la Laguna del Carpintero en donde los mosquitos nos martillaron a gusto y pudimos ver algunos cocodrilos; también aprovechamos la playa que encontramos muy hermosa (aunque por partes con bastante basura). Sin embargo, tranquila, libre de turismo y grandes hoteles, me pareció un lugar sencillo, auténtico y poco valorado para lo que es.

Fue un viaje corto, pero de esos que alegran el alma, estuvo lleno de momentos sabrosos, risas, sol, mucha comedera (les recomiendo las Tortas Jerry, en especial la de cochinita); fueron días de calma y algo de nostalgia, como me sucede cuando vuelvo a compartir hogar con mi familia nuclear. En especial con mi hermano, a quien, debido a su profesión, veo poco.

Nos regresamos con buen sabor de boca al saber que estamos a unas horas de distancia y al ver bien a mi hermano con su hermosa esposa, quienes siguen demostrando que sin importar lo que la vida les ponga, sabrán aprovecharlo y enfrentarlo como equipo.


Me tocó manejar un rato de regreso, ahí hubo menos paisajes bonitos y más estrés por la lluvia y por mi poca experiencia manejando en carretera; sin embargo la compañía siguió siendo un lujo y con su apoyo superé el reto.

Fueron 3 días en los que casi por completo me olvidé de las épocas raras que vivimos y sentí un poco  de la normalidad con la que viajábamos antes, no sé si fue la música noventera que pusimos en el trayecto o ir al HEB al que no regresaba desde que tenía 14 años y visitaba a mi tío Dante en Monterrey; pero se sintió bien descubrir que ninguna pandemia es suficiente para impedir construir recuerdos con las personas que más quieres.





viernes, 7 de agosto de 2020

Casarse en pandemia

Muchas veces he sentido que mi vida es una disputa entre lo que imagino que sucederá y lo que realmente sucede. Siempre me ha emocionado la capacidad que tenemos los seres humanos de visualizar, planear, prever, fantasear. ¿Seremos los únicos animales con este hábito?

Tal vez no. En mi caso, soy alguien que disfruta estructurar en su cabeza escenarios y bueno, como a muchas mujeres nos sucede (en este sistema heteropatriarcal ), el día de la boda es uno de esos escenarios que, desde que conocí a mi actual pareja, imagino una y otra vez. 

Debido a nuestra historia de amor, que se ha ido tejiendo entre Berlin y Ciudad de México, nos ha tocado superar obstáculos como la distancia y algunos papeleos burocráticos que se presentan en este mundo lleno de fronteras, nacionalismos y barreras que hemos podido superar, me gustaría decir que por amor, pero lo cierto es que (aunque el amor sí ha estado y me siento afortunada por eso) ha sido más por los privilegios que hemos tenido por diversos motivos.

Una de esas barreras, se nos presentó hace pocas semanas cuando comenzamos a planear un viaje a Berlin y nos enteramos que, debido a la pandemia, era posible que tuviera yo algunos problemas para entrar al no tener residencia en Europa. Considerando esto y nuestras ganas de estar juntos, movimos algunas piezas para conseguir un papel que me permitiera "cruzar el charco" y fue así y gracias a  Punzo (un amigo de mi papá), que nos casamos el 4 de agosto. Un martes, a pesar de que como dice el dicho, "ni te cases ni te embarques", pero era ese día o "quién sabe cuándo,porque nos vamos de aquí y no sabemos cuando volvemos a hacer estos trámites" como nos dijo el secretario de la amable juez que nos casó.

 Evidentemente, ese casamiento, no se acercó nada a mi imaginario. Fue en la doctores, en medio de miles de papeles de defunciones por COVID-19, sin familiares o amigos de testigos, ni música, ni jardín, y lo peor de todo, sin bailongo ni abrazos.

Aún así, el día fue inolvidable por detalles como el moño en el coche, el sandwich de desayuno de mi papá, el ramo bendecido, el vestido con el que se casó mi madre, los aplausos y gritos de ánimo de desconocidos afuera del juzgado, la sesión de fotos donde "le llegué" a mi actual esposo, la presencia de mi abuela que se animó a salir a pesar de la pandemia, la tecnología que nos permitió brindar con la familia de Alemania, los chiles en nogada para comer, la genial sorpresa de la noche de bodas que organizaron mis amigas (en B&B Chaya que les recomiendo), y el haber logrado que después de varios papeleos fallidos, Adrián y yo, seamos una familia reconocida por el Estado, lo cual es un privilegio enorme, pues no cualquiera puede elegir a su familia.

Después de todo y gracias al privilegio más grande que es estar rodeada de personas que nos apoyan y quieren; pudimos tener un día hermoso de boda  íntima y única en esta gran Ciudad de México, y aunque lejana de lo que nos imaginábamos, estamos contentos, muy agradecidos y emocionados por lo que viene; también esperanzados de que algún día, se logre nuestra boda "soñada", es decir, aquella en la que nuestras tribus convivan en la pista, celebremos cerquita con todas las personas que queremos y los privilegios nos lleguen en forma de abrazos. 

Mientras, nos queda ser pacientes y luchar porque en este mundo, cada vez sea más fácil amar.





sábado, 20 de junio de 2020

El día más largo del año y no me casé

Me gusta escribir cuando me llegan motivos para hacerlo.
Hoy es de esos días.
Si no hubiera sido por la pandemia, a esta hora, ya estaría casada, tal vez estaría sudando en la pista de la mano de mi esposo con muchas personas emocionadas por esa decisión. Sin embargo, estoy en una tarde lluviosa, en mi hogar, con la persona que elegí para que sea mi compañero, una persona hermosa en todos sentidos, saboreando el mejor alfajor que he probado en mucho tiempo y que curiosa y afortunadamente venden a una cuadra de donde vivimos.
También estoy con muchos pensamientos que me rodean, pues ayer me enteré que dejaré de trabajar en la Ibero a finales de julio y tengo muchas preguntas con respecto a lo que sucedió en ese lugar, lo que aprendí, lo que pude hacer mejor, lo que sale de mis manos, lo injusto, lo justo y bueno sobre todo agradecida porque conocí a personas muy hermosas y me apasioné aún más por los temas de la educación ambiental. Ahora tengo muchas ideas, proyectos, sueños en mente, espero que vengan con remuneración digna, lucharé por ello, es una lucha urgente para las de nuestra generación.

Hay una sensación rara cuando las cosas no suceden como lo planeado, cuando la vida, tu jefa, una enfermedad contagiosa o lo que sea, decide, y con ello afecta tu presente y también tu futuro. Pero en ese caso no queda más que abrazar lo que no puedes cambiar (como diría mi futuro esposo) y yo le agregaría y empujar lo que sí puedes.

Este 20 de junio, el "día más largo del año" lo habíamos elegido para hacer un pachangón por habernos encontrado y elegido, con un poco de romanticismo, de ritual, pero sobre todo como un acto de unión entre todas nuestras tribus.
Este día se recorrerá hasta el próximo año y gracias a eso podrán estar personas que hoy no hubieran podido venir, 3 de ellas porque estarían por parir en poco tiempo. Lo que significa que se sumarán a las tribus, otros tres integrantes, me emociona eso, a veces lo inesperado abre oportunidades bonitas.

De todos los planes que el Coronavirus ha cambiado, el nuestro creo que es de los menos graves, nos regala más tiempo para saborearnos el momento, pensarla mejor, qué tal que nos rajamos (jeje, no se asusten) la fiesta se logrará y llegará con más ganas de abrazarnos.

Además, hoy amanecí con un grano enorme en la cara, así no me hubiera podido casar, jajajaja





lunes, 15 de junio de 2020

Brillar (cuidar) en tiempos de coronavirus

Mientras veo por mi ventana cómo empiezan a caer las primeras gotas de lluvia,
un pájaro parado en el árbol, me mira y luego mira al horizonte. Él afuera, yo adentro.
Él volará con sus alas, yo con mi imaginación y escritura. 

Son contados los días que he podido pasar sin horarios, desde pequeña,
asistía a clases de natación, gimnasia, futbol, volibol, pintura, además de a la escuela,
en la que pasé 22 años de mi vida aproximadamente con tiempos estrictos de entrada,
receso, clases, salida. Entre eventos sociales, partidos y compromisos puntuales; el reloj,
me ha acompañado en la cotidianidad, también la gente, los pájaros  y por supuesto
las lluvias, esas que se disfrutan sobre todo en la comodidad del hogar.
Que por el momento puedo tener.

Mi cinta de vida, hasta hace poco más de un mes, corría con pocas pausas,
en ciertas vacaciones o contados días en los que decidía quedarme en casa,
casi siempre sabiendo que dejaba de hacer algo o de ver a alguien.
En la lógica de productividad y aceleración, no hay tiempo que “perder”.

Entre el tiempo y la compañía se han tejido mis primeros 30 años.

Hoy, el aislamiento obligado me ha hecho vivirme diferente, despertar sin despertador,
desayunar con calma, escuchar mi cuerpo para comer, desplazarme para leer entre sillones,
conforme el sol que se asoma en los rincones de mi casa, marque el ritmo.
Un ritmo pausado. Como sintiéndome en calma, aunque
¿no es una tormenta lo que estamos viviendo?

El privilegio de la calma no le toca a todas las personas y eso es parte de la
normalidad que espero cambie después de todo.
Pues las lluvias son bellas si no te mojan o arruinan el día.

Con más detalle, estos días, he podido percibir que a toda hora, alguien trabaja afuera,
barriendo, vendiendo tamales, elotes, camotes, fierro viejo, pan, gas o tal vez repartiendo ,
sanando, cuidando en hospitales y casas, en calles.

Como diría Boff, los mitos antiguos y los pensadores contemporáneos más profundos
nos enseñan que la esencia humana no se encuentra en la inteligencia,
en la libertad ni en la creatividad, sino básicamente en la capacidad de cuidar. 

Una pandemia nos está recordando el cuidado necesario de una extraña forma
en la que se nos pide distanciarnos, qué ironía. 
Antes de esto, si pensaba en lo que significa cuidar,
siempre me imaginaba rodeada de personas que apapacharan,
cocinaran, limpiaran, se escucharan entre ellas, con masajes, cantos colectivos,
comidas compartidas, rituales. 
El cuidado para mí siempre ha tenido rostros cambiantes.
A veces ha sido mi abuela sirviendo comidas deliciosas, mi madre pidéndome que no
salga sin paraguas, mi padre haciéndome el desayuno antes de ir a la escuela,
mi tía prestándome ropa, mi prima haciendo una sopa, mi hermano esperándome
afuera del colegio. Actualmente, ya en mi vida adulta, el cuidado va cambiando lentamente
y en este confinamiento lo he podido percibir con más detalle. 
Hace unos días me sangró mucho la nariz y mi pareja asustado,
llamó a un médico para que nos diera indicaciones.
Para él, el cuidado muchas veces tiene que ver con llamar al médico de la familia
y seguir las indicaciones, para mí, cuidarnos tiene que ver menos con médicos
y más con propias estrategias que incluyen trapos, chochitos, tés, descanso.
Cada quien traza sus rutas de cuidado y se convence a sí mismo de que hace lo
mejor para sobrevivir. En pocas palabras, cada quién elige sus propios paraguas.

El cuidado con la pandemia, parece que ha pasado a volverse nuestro invitado en
cada instante.

Y yo, he tomado conciencia de que todas las personas que me han cuidado,
habitan en un mismo espacio y a pesar del distanciamiento social,  las y los siento cerca,
dándome consejos al oído: “no salgas sin tapabocas”, “lava bien tus manos”,
“desinfecta la suela de los zapatos”, “compra suficiente comida”, “riega más las plantas”.
En cada frase se dibuja un rostro, o varios que habitan lo que soy y me acompañan
para enfrentar mejor estos días, y son ellas y ellos que siempre me han cuidado,
que actualmente me dicen que si seguimos cuidándonos y recordando a quienes
nos enseñaron a cuidar, todo estará bien. 

Me gusta aferrarme a esa idea: todo estará bien.
Aunque a veces me cuesta más trabajo cuando pienso en las desigualdades de nuestra
región, en que el cuidado para algunas es una opción que se disfruta y
para otras es una necesidad, un trabajo mal remunerado, un riesgo cotidiano de muerte,
tal y como se narra aquí:
https://nuso.org/articulo/las-que-cuidan/?utm_source=email&utm_medium=email . 
Y así son las lluvias, para algunas un alivio a la sequía, para otras una inundación.

Frente a la incertidumbre del “Coronavirus”, el cuidado mutuo es un arma poderosa,
así como la colaboración y escucha. Ahora más que nunca las y los tomadores de decisiones
en el mundo, se deben escuchar, compartir experiencias,
ayudar para salvar la mayor cantidad de vidas posibles y sí, nosotras y nosotras también
somos tomadores de decisiones, algunos con más calma, otras con más trabajo.
Pero esta arma poderosa, este invitado cotidiano que significa el cuidado,
no servirá de nada si no se llama a otros invitados muy importantes: la justicia e igualdad.

No sirve de nada cuidarnos ahora, si no se emprenden acciones que modifiquen
nuestra forma de vida por una que cuide de manera constante, acabando con la pobreza,
enfrentando la crisis socioambiental, defendiendo la vida no sólo frente a una epidemia,
sino con cada acción y decisión.  No sirve un paraguas cuando hay tormentas eléctricas.

Al terminar de escribir esto, el primer pájaro que llegó al árbol ya tiene compañía y ahora
muchos pájaros cantan, juntos, protegidos por el árbol, 
recordándome que bajo la lluvia se puede cantar y que quizá situándose en los sitios
adecuados, se puede mirar al horizonte pues hasta la tormenta es una oportunidad.

¿Sabremos aprovecharla?

Las buenas lluvias permiten cosechas si se siembra lo adecuado y se trabaja en
crear tierra fértil.





Nota:
Algunas herencias virtuosas del coronavirus podrían ser:

- trámites más ágiles
- posibilidad de retomar espacios públicos de otra manera
- posibilidad de cambiar el transporte
- necesidad de transformar el trabajo en algo más justo y digno
- valorar aún más la presencia y el cuerpo.

Algunas preguntas en la virtualidad:

¿En la pantalla se nota mi distracción, en la pantalla se nota mi interés?
¿Cómo habitar los espacios virtuales?
¿Cómo hablarte a ti mismo y a una pantalla?

¿Cómo conectar realmente?


Por último un intento de poema.

La educación no se hizo para las pantallas,
en ellas los cuerpos no caben,
se descuartizan.

Las miradas no se hicieron para las cámaras,
pierden su fuerza y se confunde la valentía, la esperanza,
más bien aparecen borrosas e intermitentes
y difícilmente me transmiten confianza.

Los micrófonos no entienden de voces
se escuchan lejos
se escuchan ecos

y la virtualidad no permite tejer lazos
pues seguido se caen las redes,
o el sistema.
Bueno ese nunca ha estado no caído.

No, la educación no se hizo para que alguien silencie las voces,
ni para que al apagar una cámara desaparezca una presencia.

La educación requiere cuerpos,
calor, cercanía, miradas, desobediencias,
cuerpos, abrazos, olores, sudores.
Vida real.

Los dolores son parte de educarnos,

los abrazos también,

sobre todo esos,
que nada nos los quite.