martes, 3 de agosto de 2021

Mi primer semestre como docente de la UNAM

 Se terminó ya el ciclo escolar, el "zoomestre" como le dice mi queridísima maestra y ahora colega Marlene a quien le agradezco infinitamente. 

Desde este ciclo pude desempeñarme como docente de Educación No formal 2, para estudiantes de 6° semestre del Colegio de Pedagogía en filos, UNAM, mi alma máter y a donde me hace muy feliz haber regresado, aunque sea virtualmente (por el momento)

Debo confesar que fue una experiencia retadora y que la educación en línea no es mi actividad favorita, sin embargo me tocó un gran grupo que mantuvo mis esperanzas hasta el último minuto de que a pesar de las crisis, la pedagogía puede salvar vidas.

En las sesiones pudimos jugar, reflexionar sobre la Educación más allá de la escuela o permanente, como prefiero llamarle (gracias a María Teresa Sirvent) y construir un espacio de confianza en el que aprender colectivamente se volviera posible, a pesar de los micrófonos y cámaras no siempre disponibles, pero la voluntad se sentía en cada sesión.

A lo largo del semestre, las y los estudiantes trabajaron en proyectos que venían desarrollando el semestre pasado y pusieron en práctica algo de didáctica, investigación, redacción, conducción de grupos, desarrollo de materiales, lectura de comprensión, colaboración, comunicación, etc. Lo cual lograron plasmar de diferentes maneras en sus entregas finales, las cuales pueden conocer en el siguiente enlace: Más allá de la escuela- les recomiendo mucho que se den una vuelta :)


Aprendí mucho de este grupo, y cada vez estoy más convencida de que la educación más allá de la escuela es un campo de batalla en el que me gusta estar y en donde los y las pedagogas tenemos mucho que aportar...

Fue un semestre especial, con clases especiales de yoga para bajar el estrés, con invitadas de lujo del campo de la pedagogía, con tiempos para compartir nuestros sentires y estrategias para sobre llevar estas realidades, con comunidad a la distancia, pero cerca...

De lo que más disfruté de todo este proceso fue poder conocerles a través de sus biografías educativas y con ellas motivar la reflexión a cerca de nuestro "estar siendo" que siempre trasciende el espacio escolar, también disfruté mucho escuchar sus reflexiones sobre lo que significa crear experiencias educativas positivas y sus aportes con respecto al reto constante de crear espacios en donde se democratice el conocimiento, se valoren otros saberes más allá de los "académicos" y se construyan metodologías más críticas, lúdicas y desescolarizadas que den paso a relaciones más horizontales y sociedades menos injustas.

Gracias infinitas al grupo que me dio la oportunidad de acompañarle y crecer un poquito más como pedagoga; será emocionante ver cómo lo aprendido lo aplican en sus carreras y cómo las generaciones que están dándolo todo en la pandemia, nos ayudan a construir nuevas y mejores formas de ser y estar.


jueves, 22 de abril de 2021

Poema a la Tierra

En los ojos de un gato

T
e veo gato y tus ojos me reflejan,
escucho un ave y sus alas me alientan.

Insisto en que el agua que lloro, del mar sale,
el mango que me llena, todo lo vale.

En ella estoy, de ella vengo y a ella voy,
cada ser vivo 
en su alma permanece, ayer y hoy.

Reír, amar, jugar, aprender, caer.
Razón, corazón, magia y saber.

Aquí y ahora la honro,
arrodillándome.

Tierra, mi casa,
no podré darte lo que me das,
porque eres todo lo que tengo.


sábado, 13 de marzo de 2021

Consejo de niños y niñas

Francesco Tonucci lleva décadas abogando por la participación de niños y niñas en la construcción de ciudades más juguetonas, donde puedan moverse con autonomía y en donde su participación sea importante, tomada en cuenta y promovida.
Muchas ciudades ya han respondido a este llamado, una de ellas es la Ciudad de México, específicamente la Alcaldía de Tlalpan, quien este sábado 13 de febrero tuvo su primera reunión del Consejo de Niños y Niñas de Tlalpan, por el momento es de manera virtual , pero de cualquier manera se hicieron presente los juegos, las voces, las risas y por supuesto, los consejos que ellos y ellas expresaron para mejorar sus comunidades.
¿Si pudieras borrar algo, qué sería? Esa fue una de las preguntas que se hizo, y rápidamente llegaron las respuestas:

- la pandemia
- la tarea
- los delincuentes
- los borrachos
- la basura y contaminación
- las enfermedades
- los que matan a la gente
- el maltrato a los animales...

y así, muchas voces resonaron con inteligencia, sensibilidad y todas esas capacidades que hacen a las infancias, unas de las personas con mayores capacidades para transformar nuestros entornos por unos más justos, divertidos y dignos.

Este proyecto que impulsa Fundación México Juega de la mano con la Alcaldía de Tlalpan, lleva haciéndose varias preguntas: 
¿cómo hacer realidad la Convención de los derechos de niñas, niños y adolescentes?
¿a qué peligros se enfrentan las infancias?
¿cómo garantizar la participación diversa?
¿cómo educar para la escucha?
¿cómo educar contra el miedo?
¿cómo hacer alcaldías, ciudades, mundos dignos para las infancias?
¿cómo propiciar condiciones donde NNA se sientan libres y seguros?

Las respuestas a estas preguntas no se construyen de un  momento a otro, sin embargo creemos que escuchando a niños y niñas de diversas edades, tendremos muchas propuestas que poco a poco incidan en la política pública.

Gracias a quienes hacen posible esta iniciativa y en especial gracias a las infancias que con valentía quieren hacer escuchar sus voces, el camino no es sencillo y apenas comienza, pero es importante y urgente.





sábado, 20 de febrero de 2021

para Andrea del futuro (y recordatorio presente)

 A veces siento que escribo para Andrea del futuro, quien regresará a sus escritos en unos años y se preguntará cómo era su vida antes. 

Me emociona que la escritura nos permita ese viaje en el tiempo, aunque sólo sea hacia el pasado y aún no encontremos la manera de que el futuro nos hable en el presente más que en ciertas intuiciones o deseos que podemos proyectar, también con ciertos datos o estudios que pueden acercarnos un poco a lo que sucederá, por ejemplo en términos de cambio climático, escasez de agua y esas cosas que me dan terror cuando escucho los pronósticos y que me hacen pensar que preferiría que no seamos buenos prediciendo futuros. Sin embargo en ciertas cosas, sí lo somos y es por eso que nos queda actuar ahora de la mejor manera posible, con la confianza de que si lo hacemos bien ahora, en un futuro lo agradeceremos.

Eso y otras cosas han pasado por mi cabeza en estas fechas de mi cumpleaños, tanto por la importancia que le he dado a los ciclos, como porque justo cayó en un momento en el que en México se están poniendo las primeras vacunas a la población para prevenir el COVID-19 y me hace pensar que eso es una gran prueba de que las personas, por lo general nos aferramos a la esperanza de las acciones presentes con miras al futuro, aún sin tener certezas. Y eso justamente me pasa al escribir, tengo esperanza de que con el paso del tiempo, me sirva como ese hilo que entreteje las diferentes Andreas y he pensado que cada nuevo ciclo de mi existencia, le sale un nuevo nudo al hilo, uno que recoge recuerdos, personas, emociones, miedos, proyectos que sucedieron durante el periodo correspondiente. 

Y este periodo en el que cumplí 31 años, sin duda es uno especial pues sucedió en pandemia, tuve oportunidad de pasar mi día con mi hermano (con el que hace como 9 años que no podía hacerlo) y confirmé que el "distanciamiento social" sólo es físico, pues las presencias de personas queridas, incluso de mi esposo desde Berlín, se hicieron posibles y me permitieron tomar más confianza de los medios "electrónicos" como vías reales para conectarnos y querernos. 

Si bien ya estaba agradecida por la tecnología y el internet sin los cuales no habría podido entablar una relación con mi pareja actual ni seguir en contacto con amistades y familiares alrededor del mundo; todo este tiempo he revalorado estos avances que hacen un poco menos difícil el "aislamiento" y que me harán menos difícil el momento en el cual me toque vivir en otro país que posiblemente sea pronto.

Un mensaje en especial que le quiero mandar a la Andrea del futuro sobre este tiempo raro, es que la crisis mundial por la pandemia, más allá de los problemas, muertes y agudización de muchas desigualdades, en lo personal me ha permitido llevar a cabo proyectos personales que había dejado pendientes (y estoy consciente de que estas reflexiones surgen de una posición muy privilegiada), algunos de esos proyectos son: 

-Estudiar una especialidad en línea (sobre Políticas del cuidado con Perspectiva de Género)
-Dedicarle más tiempo a mis plantas
-Hacer más ejercicio físico y espiritual
-Cocinar más platillos veganos
-Involucrarme en actividades educativas a través del juego
-Promover un poco más la copa menstrual
-Conectar con personas a pesar de la distancia
-Dedicarle tiempo a mi casa
-Aprender más sobre tecnología
-Vivir sin horarios tan estrictos
-Despertarme muchos días sin despertadores
-Tomar con calma un té
- y un gran etcétera que cada día agradezco como seguir con vida como la mayoría de mis personas cercanas.

Y una cosa que me emociona y pone "nerviuda" , pero contenta es que pronto , si todo sale bien, se hará realidad mi sueño de dar clases en la UNAM.

Entonces, Andrea del futuro, este es un mensaje que quiere dejar claro que aún en las épocas oscuras, difíciles y a pesar de todo lo oscuro que parece el panorama por muerte, violencias, injusticias, desigualdades y las tormentas que vivimos, siempre, siempre, hay muchas cosas más a las que prestar atención en la vida cotidiana y que nos recuerdan la importancia de seguir luchando por un mundo más bonito.



viernes, 20 de noviembre de 2020

Convención de derechos de la niñez y mis nuevos trabajos

Cuando decidí estudiar Pedagogía, lo hice con más dudas que certezas, pues es una locura que con tan poquita experiencia en el mundo ya quieran que elijas la "carrera" que será condicionante para muchas experiencias que vayas a tener en la vida. 
Sin embargo si de algo estaba segura (por lo que me platicaron algunas personas que estudiaron eso) era de que si me volvía pedagoga, con lo amplio que es el campo educativo, podría vivir una gran diversidad de momentos enriquecedores y si me iba bien, podría ser con personas de todas las edades y condiciones. 
A varios años de haber salido de la universidad, no me equivoqué.

Quienes me conocen ya saben que formo parte de una Fundación que promueve el derecho al juego y fomenta las ludotecas y la educación no formal divertida y lúdica. 

Esta Fundación (http://mexicojuega.org.mx/home/), existe en gran parte por el apoyo de la Consultoría Jugar es Crecer (http://jugarescrecer.com/home/), en la cual colaboro actualmente y he colaborado indirectamente desde que tenía 6 años y mi madre decidió abrir una ludoteca; recuerdo ir en el auto con ella y tener una conversación en la que me contó que abriría un lugar en el que podría jugar y que al mismo tiempo sería su trabajo. Me comentó que estaba en búsqueda del nombre: que si me parecía bien que su Ludoteca se llamara "Jugar es Crecer", yo, a mi corta edad, le dije que sonaba bien, aunque en ese momento no tuviera mucha conciencia de por qué relacionaba jugar con crecer y tampoco sabía bien qué eran las ludotecas. Esa Ludoteca marcó gran parte de lo que soy y ha pasado por muchas transiciones; actualmente, Jugar es Crecer es una consultoría y hace más de 10 años parió a México Juega, a quien apoya de diversas maneras, entre otras, con la ludoteca de Préstamo a domicilio que se encuentra en sus instalaciones.

Cuento todo esto porque me gusta pensar (y muchas teorías sociales y psicológicas lo confirman) que las elecciones que hacemos no son azarosas, sino que tienen sus raíces en lo que aprendemos desde pequeñas, con la familia, los ejemplos que nos rodean, el medio en el que nos desarrollamos, etc. y hacernos adultas tiene que ver con tomar conciencia de dónde venimos y acomodarlo para que nos permita llegar a donde vamos. Y yo, en mi disque vida adulta, cada vez tomo más conciencia de lo que esa ludoteca influyó en mi manera de actuar y de ver el mundo. 

Sí crecí jugando y como pedagoga me pregunto cada día cómo defender el crecimiento sano, divertido y respetuoso con todo lo que nos rodea. Sobre todo recientemente, en donde me he incorporado, como un segundo trabajo, a ser educadora de niños y niñas de "preescolar".

Debo decir que por momentos dudé si sería lo mío eso de ser "miss" pues aún recuerdo a varias docentes de mi carrera que menospreciaban el trabajo con niños y niñas y que quizá se decepcionarían si supieran que me dedico a cuidar-educar- proteger a la infancia, sin embargo ha sido de los trabajos más difíciles, pero también más enriquecedores que he tenido.

Me siento con un gran compromiso sólo de pensar el impacto que se puede tener en esas personitas tan amorosas, curiosas, mágicas, etc. y cada día me lleno de preguntas que ya compartiré en otra ocasión.

Por el momento sólo decir que el día de hoy se cumplen 31 años de la Convención de los derechos de la niñez y que cada vez más, voy tomando conciencia en la importancia que tiene la pedagogía para defender no sólo el derecho a la educación, sino todos los demás; además de que parte de nuestro compromiso debería ser promover una cultura que respete los derechos humanos y les dé la importancia que merecen las diferentes infancias.

Escribo esto desde Jugar es Crecer / México Juega (llena de juegos, recuerdos de mi infancia, sueños, colores)



 contenta por los caminos a los que me ha llevado la carrera que elegí que, como dije al principio, ha sido condicionante, pero aún más condicionantes, fueron los derechos a los que tuve acceso.

Hoy, cada vez me queda más claro que mientras sigamos defendiendo lo que dice la Convención, muchas más personas pueden llegar a mi edad agradeciendo y sintiéndose satisfechas por las decisiones que tomaron, pues los derechos son de las mejores armas para construir una vida que sea digna de celebrar.





martes, 18 de agosto de 2020

La no Luna de miel

 Estamos en épocas raras, aunque como compartí en la entrada anterior, en lo personal han sido momentos de agradecer mucho mis privilegios.

Este fin de semana tuve un privilegio más, conocer una parte de mi país a la que no había ido nunca; al poder viajar en coche en medio de la pandemia para encontrarme con mi hermano, su esposa, su perro y gato, que viven desde hace unos meses en Tampico.

El viaje se pasó rápido, fueron 6 horas de paisajes con árboles gigantes, nubes esponjosas, ríos, lagos, puentes, acompañadas de música, "chuchulucos" para la carretera, canelones y empanadas de mi abuela de encargo para la felicidad de Diego, anécdotas y mucha ilusión de poder reencontrarnos con parte de la familia que no veíamos ya desde hace más de 4 meses.

Al llegar nos recibieron con un platillo típico de allá, la "Jaiba a la Frank" (tacos de jaiba con un sazón delicioso en tortillas de queso, muy buena la de "El Flaco") , también nos recibieron con un calor playero intenso y una bella sorpresa para los recién casados; pues al ser nuestro primer viaje de "marido y mujer", se puede considerar una "luna de miel". (aunque yo le agregué el No para tener más de una)

Durante los 3 días que estuvimos allá, nos pusimos al día, conocimos la Laguna del Carpintero en donde los mosquitos nos martillaron a gusto y pudimos ver algunos cocodrilos; también aprovechamos la playa que encontramos muy hermosa (aunque por partes con bastante basura). Sin embargo, tranquila, libre de turismo y grandes hoteles, me pareció un lugar sencillo, auténtico y poco valorado para lo que es.

Fue un viaje corto, pero de esos que alegran el alma, estuvo lleno de momentos sabrosos, risas, sol, mucha comedera (les recomiendo las Tortas Jerry, en especial la de cochinita); fueron días de calma y algo de nostalgia, como me sucede cuando vuelvo a compartir hogar con mi familia nuclear. En especial con mi hermano, a quien, debido a su profesión, veo poco.

Nos regresamos con buen sabor de boca al saber que estamos a unas horas de distancia y al ver bien a mi hermano con su hermosa esposa, quienes siguen demostrando que sin importar lo que la vida les ponga, sabrán aprovecharlo y enfrentarlo como equipo.


Me tocó manejar un rato de regreso, ahí hubo menos paisajes bonitos y más estrés por la lluvia y por mi poca experiencia manejando en carretera; sin embargo la compañía siguió siendo un lujo y con su apoyo superé el reto.

Fueron 3 días en los que casi por completo me olvidé de las épocas raras que vivimos y sentí un poco  de la normalidad con la que viajábamos antes, no sé si fue la música noventera que pusimos en el trayecto o ir al HEB al que no regresaba desde que tenía 14 años y visitaba a mi tío Dante en Monterrey; pero se sintió bien descubrir que ninguna pandemia es suficiente para impedir construir recuerdos con las personas que más quieres.





viernes, 7 de agosto de 2020

Casarse en pandemia

Muchas veces he sentido que mi vida es una disputa entre lo que imagino que sucederá y lo que realmente sucede. Siempre me ha emocionado la capacidad que tenemos los seres humanos de visualizar, planear, prever, fantasear. ¿Seremos los únicos animales con este hábito?

Tal vez no. En mi caso, soy alguien que disfruta estructurar en su cabeza escenarios y bueno, como a muchas mujeres nos sucede (en este sistema heteropatriarcal ), el día de la boda es uno de esos escenarios que, desde que conocí a mi actual pareja, imagino una y otra vez. 

Debido a nuestra historia de amor, que se ha ido tejiendo entre Berlin y Ciudad de México, nos ha tocado superar obstáculos como la distancia y algunos papeleos burocráticos que se presentan en este mundo lleno de fronteras, nacionalismos y barreras que hemos podido superar, me gustaría decir que por amor, pero lo cierto es que (aunque el amor sí ha estado y me siento afortunada por eso) ha sido más por los privilegios que hemos tenido por diversos motivos.

Una de esas barreras, se nos presentó hace pocas semanas cuando comenzamos a planear un viaje a Berlin y nos enteramos que, debido a la pandemia, era posible que tuviera yo algunos problemas para entrar al no tener residencia en Europa. Considerando esto y nuestras ganas de estar juntos, movimos algunas piezas para conseguir un papel que me permitiera "cruzar el charco" y fue así y gracias a  Punzo (un amigo de mi papá), que nos casamos el 4 de agosto. Un martes, a pesar de que como dice el dicho, "ni te cases ni te embarques", pero era ese día o "quién sabe cuándo,porque nos vamos de aquí y no sabemos cuando volvemos a hacer estos trámites" como nos dijo el secretario de la amable juez que nos casó.

 Evidentemente, ese casamiento, no se acercó nada a mi imaginario. Fue en la doctores, en medio de miles de papeles de defunciones por COVID-19, sin familiares o amigos de testigos, ni música, ni jardín, y lo peor de todo, sin bailongo ni abrazos.

Aún así, el día fue inolvidable por detalles como el moño en el coche, el sandwich de desayuno de mi papá, el ramo bendecido, el vestido con el que se casó mi madre, los aplausos y gritos de ánimo de desconocidos afuera del juzgado, la sesión de fotos donde "le llegué" a mi actual esposo, la presencia de mi abuela que se animó a salir a pesar de la pandemia, la tecnología que nos permitió brindar con la familia de Alemania, los chiles en nogada para comer, la genial sorpresa de la noche de bodas que organizaron mis amigas (en B&B Chaya que les recomiendo), y el haber logrado que después de varios papeleos fallidos, Adrián y yo, seamos una familia reconocida por el Estado, lo cual es un privilegio enorme, pues no cualquiera puede elegir a su familia.

Después de todo y gracias al privilegio más grande que es estar rodeada de personas que nos apoyan y quieren; pudimos tener un día hermoso de boda  íntima y única en esta gran Ciudad de México, y aunque lejana de lo que nos imaginábamos, estamos contentos, muy agradecidos y emocionados por lo que viene; también esperanzados de que algún día, se logre nuestra boda "soñada", es decir, aquella en la que nuestras tribus convivan en la pista, celebremos cerquita con todas las personas que queremos y los privilegios nos lleguen en forma de abrazos. 

Mientras, nos queda ser pacientes y luchar porque en este mundo, cada vez sea más fácil amar.