jueves, 17 de julio de 2014

El futbol es más que eso

Ya pasó la fiebre mundialista, se terminaron los bombaredeos de comerciales, los futbolistas dando todo en la cancha y por momentos como maniquíes de alguna marca, los bailecitos de los equipos de millones de pesos para los patrocinadores o los festejos de gol, los partidos narrados y manipulados por las cámaras, los gritos de las porras que para algunos eran ofensas y para otros folklór. Ya no más caras de los aficionados que reflejaban emoción ni abusos por parte de la FIFA ni árbitros que vendidos o no acababan odiados o amados por alguna de las naciones que se enfrentaban, las cuales escuchaban y vivían el mismo partido de muy diferente forma, en realidades lejanas, en idiomas distintos, algunos en vivo, otros por radio, por tele o por pantalla plana pero probablemente con la misma pasión pues a pesar de lo que se puede hacer con él en un mundo capitalista, el fútbol al final es sólo eso... fútbol... Pero justo hoy después de haber jugado uno que por ahí dicen fue de los mejores partidos que he tenido en la temporada son varias las reflexiones que vienen a mi cabeza.

Pienso que aquello a lo que llamamos fútbol o balón pie va mucho más allá de él mismo,. y lo digo como mujer que lleva practicando este deporte poco más de 10 años, cuando empecé en el Colegio Madrid con mi entrenador Rocco al que le agradezco mucho de lo que sé ahora. En ese entonces  el fútbol femenil significó un parteaguas en el deporte de la escuela pues por primera vez las mujeres podíamos practicarlo, así íbamos ganando un poquito de poder en diferentes esferas, en ese caso ya teníamos la esfera para jugar, el balón. El cual nos brindaría la oportunidad de desarrollarnos y demostrar que nosotras también podemos tener esas habilidades.

¿Por qué digo que va más allá de ser sólo fútbol?

Primero por los elementos que engloba, por un lado para jugarlo debemos sentirnos bien con nuestro cuerpo, saber moverlo, controlarlo, ubicarlo en el espacio y después lograr que se encuentre con el balón, el que a su vez va siempre en relación a la portería, al rival y a los árbitros, a los observadores, a los entrenadores, en fin, con tantos elementos es importante que para jugarlo no sólo pongamos el cuerpo sino que también pongamos atención.

Además de esto, es importante identificar que no somos nada sin el equipo que tengamos, para eso cada una debe conocer y respetar su posición, generar códigos de comunicación para lograr ciertos objetivos y sobretodo cuidarnos unas a otras, para este elemento es indispensable la percepción, la vista periférica, la anticipación a las jugadas y otros elementos que no son posibles sin la intuición, la cual determinará si al tener el balón lo pasas para un lado, para el otro, disparas o te lo llevas más adelante; elementos que muchas veces son de reacción pero que con la práctica pueden ser de inteligencia pues hay momentos en los que una toma de decisión de este tipo puede cambiar el rumbo del partido.

 En este sentido se puede decir que el fútbol como la vida misma está hecho de decisiones, de instantes en los que tenemos poder de irnos para un lado o para el otro, de levantar al rival o dejarlo en el suelo, de correr o quedarnos paradas, en fin decisiones individuales, grupales o quizá de decisiones que toma el árbitro que sería como esa especie de azar que puede jugarnos a favor o en contra, al final se trata de hacer el mejor juego en el tiempo que tengamos, con el pasto que nos sirva de superficie y con el espacio en el que logremos desenvolvernos, aunque al final también se trata de aprendizajes, de saber que se puede evitar el fuera de lugar, que las manos hay que saberlas usar, que las faltas nos pueden costar y que así como se puede ganar o perder, se puede empatar, lo que no siempre es parejo, ni justo: y es así, el fútbol nos recuerda en cada instante que la vida no siempre es justa aunque muchas veces los esfuerzos valgan la pena; lo cierto es que lo que sí puede garantizarnos este juego es que en la medida en la que disfrutemos más la emoción de meter goles o de pararlos, de compartir el balón, de caernos y levantarnos, pero sobretodo de acordarnos que el rival o la rival también es hermana; mejor nos irá al final.

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